El Caballo Se Erguía Firme en el Centro de la Plaza

El martillo se deslizaba en sus manos temblorosas e inseguras. Una lágrima de sudor escurría por su frente. Solo escuchaba su palpitar y el ruido mudo de mil pensamientos en su cabeza. Y lo único que encontró para argumentar su defensa fue un escoplo viejo y cansado.

Jaime Mora
Jaime Mora
16 de abril · 861 palabras.
 El martillo se deslizaba en sus manos temblorosas e inseguras. Una lágrima de sudor escurría por su frente. Solo escuchaba su palpitar y el ruido mudo de mil pensamientos en su cabeza. Y lo único que encontró para argumentar su defensa fue un escoplo viejo y cansado.
Allí estaba otra vez, tenía en frente a aquel gigante con corazón de granito, un enemigo de más de tres metros. Una figura inexpresiva de frío rostro y robusto cuerpo. Nuevamente aquella amenaza de 5 toneladas se venía sobre él.
Este no es el primer encuentro, la sensación le es familiar. Ya ha vencido varias veces a este gigante y siempre lo sobrecoge el temor al fracaso.
Pero esta vez era diferente. Algo inesperado había ocurrido. Para cualquiera parecería insignificante, pero a él le cambiaría toda su visión. Su vida no volvería a ser la misma.
La semana anterior ―como era su costumbre― el alcalde del pueblo le había encargado un caballo para el centro de la plaza. Era un trabajo teóricamente sencillo, de modo que el escultor mandó a buscar un bloque de granito para la pieza en cuestión.
Se pasó días enteros mirando absorto el enorme trozo de piedra y se enfrentaba otra vez al mismo problema: la sempiterna idea de fallar le robaba la inspiración.
Entonces, un niño pasó por su taller y vio al hombre pensativo en frente del bloque sin forma y después de mirarlo unos segundos, le preguntó: “¿Qué estás buscando?”. El escultor sintió como si hubiera esperado toda su vida por esa pregunta. Entendió que en realidad no estaba martillando, rompiendo, esculpiendo, sino que estaba buscando algo, algo que sabía que estaba allí para él y que solo tenía que tomarlo.
Días después, el caballo se erguía firme en el centro de la plaza y cuando todos estaban felicitando al escultor, el mismo niño se le acercó sorprendido y le preguntó con una sonrisa inocente: “¿Cómo sabías que dentro de ese gigante de granito había un caballo?”.
El caballo siempre estuvo dentro del granito, era solo que el escultor no lograba verlo, no conseguía imaginarlo, no alcanzaba una visión clara de su encomienda.
Para lograr que la visión sea lo suficientemente completa debes imaginar todo el recorrido y hasta el final del camino antes de siquiera empezar a caminar. Y para lograr esto debes dividir la tarea de visionar en tres bloques:
Pre ocuparse: en esta fase debes dar vueltas alrededor del gigante de granito. Antes de soñar tienes que decidirte a hacerlo, a dedicarle tiempo, a preparar el contexto, a utilizar las herramientas que sean necesarias. Si debes investigar, hazlo. Si debes planificar, hazlo. Si debes buscar asesoría, hazlo. Si te debes motivar, hazlo. No dejes el acto de soñar bajo la influencia del azar o del involucramiento de personas inadecuadas. Prepárales un buen quirófano a tus sueños para que nazcan sanos y fuertes y sean éxitos de verdadero provecho en tu mañana.
Ocuparse: para visualizar el caballo dentro del bloque de granito debemos darle forma al sueño. Debes especificar que es lo que quieres con el mayor nivel de detalle posible. Mentalmente establece fechas, acciones, recursos; determina los patrocinios, el equipo de trabajo, las redes de apoyo; define los resultados, los beneficios, la trascendencia.
Luego debes conseguir los elementos que te permitan fijar la visualización en tu mente: ubícalo en su contexto, en su ambiente, dale color, peso y forma. Siente su textura, escucha sus sonidos, percibe sus olores. Y sobre todo imagina tu alegría, tu satisfacción y tu emoción al momento de hacer tu sueño realidad.
Post ocuparse: tenemos que mirar la vida con positivismo. Saber que a pesar de todas las dificultades y problemas que se presenten a lo largo del recorrido, siempre alcanzaremos el propósito. El secreto es tener claridad en la meta, fe en nuestras capacidades y confianza en que ese horizonte es nuestro.
Por eso, pensar en lo que queremos del futuro no es preocuparse solamente, es ocuparse tomando ciertas medidas y manteniendo posteriormente esa visión esperada. Esa es la visión sólida y firme que te permitirá alcanzar tus metas y mantener tu impulso al crecimiento continuo.

“El presente es la sombra que se mueve para separar el hoy del mañana. En él reside la esperanza”
Frank Lloyd Wright

A lo largo de mi vida he visto como los individuos son capaces de cambiar y ante cada amanecer descubrirse como un nuevo ser humano. ¿Quieres impulsarte al éxito y lograr tus metas?, ¿inspirarte con auto motivación?, ¿aprender a gestionar tus emociones?, ¿apalancar valores?, ¿desarrollar hábitos competentes?, ¿descubrir la magia del reconocimiento?.. ¿Quieres amplificar tu ser?
Soy Jaime Mora, amplificador e ilustrador del ser. Escritor por pasión, Coach por vocación, Consultor por acción. Con cinco años en estudios de IV nivel. Con más de 20 años de experiencia en el ámbito empresarial.
Soy director de www.impulsate.com y te invito a suscribirte gratuitamente a mi revista digital “Impulso” para que a través de ilustrativas historias descubras maravillosas reflexiones que alimentan tu mente y te inspiran a dar el paso consciente que transformará tu existir. Visita www.impulsate.com y aprende, crece y vive!.

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