Los Criterios éticos Globalizados: una Realidad o un Artificio

La ética trata de dirimir si una acción es buena o mala.Por una parte podemos plantearnos una ética descriptiva, que describe los criterios de los hombres o de una sociedad. Por otra parte, la metaética se ocuparía de las bases y las estructuras de los juicios morales.

Santiago Villar Pallás
Santiago Villar Pallás
5 de septiembre · 991 palabras.
Por una partepodemos plantearnos una √©tica descriptiva, que describe los criterios de loshombres o de una sociedad. Por otra parte, la meta√©tica se ocupar√≠a de lasbases y las estructuras de los juicios morales. Por √ļltimo, una √©tica normativase preguntar√≠a por la posibilidad de fundamentar los criterios de valoraci√≥n dela acci√≥n.

Por √ļltimo, una √©tica normativa se preguntar√≠a por la posibilidad de fundamentar los criterios de valoraci√≥n de la acci√≥n.

Kant se plante√≥ tres preguntas fundamentales: ¬Ņqu√© puedo hacer?, ¬Ņqu√© debo hacer? y ¬Ņqu√© me cabe esperar?.¬† La √©tica no puede disociarse del momento hist√≥rico en que se gesta y de los procesos sociales que la determinan. La realidad social plantea constantemente nuevas cuestiones que nos obligan a volver a pensar sobre la vigencia de nuestras normas √©ticas. La mayor√≠a de las √©ticas, principalmente antes de la d√©cada de los ochenta, ha tenido pretensiones universalistas. Un mundo en constante interrelaci√≥n nos obliga plantearnos: ¬Ņes factible defender un criterio √©tico universal con las diferencias existentes entre religiones, culturas o tradiciones morales?

Todas las √©ticas materiales se han gestado en un √°mbito territorial determinado para responder a los retos que se le planteaban. Una √©tica formal, como la kantiana, que propone unas reglas formales para las conductas √©ticas (‚Äúact√ļa de tal forma que tu conducta pueda ser universalizable‚ÄĚ o ‚Äúmi libertad acaba donde empieza la de los dem√°s‚ÄĚ) comporta graves dificultades para traducirse en una √©tica normativa.

Hay tres formas de argumentaci√≥n cuando nos planteamos la pregunta sobre si es posible fundamentar normas universalmente v√°lidas globalmente. La primera ser√≠a la relativista, que afirma que no hay normas universalizables a escala global. La segunda, la comunitarista, que aunque acepta la diversidad ‚Äďcondicionada culturalmente- reconoce una moral m√≠nima m√°s all√° de las diferentes culturas. Por √ļltimo, la universalista que defiende la existencia de unos criterios √©ticos universalmente v√°lidos.

La postura relativista implica renunciar a una √©tica normativa universal, aunque se afana por circunscribir las normas √©ticas al contexto social en el que emergen. Fue Herder (1744-1803) quien se√Īal√≥ que la historia y el desarrollo de cada cultura son siempre algo √ļnico. La fisura de esta concepci√≥n proviene de la constataci√≥n que los hombres de distintas culturas podemos comunicarnos. A pesar que la comprensi√≥n de otras culturas siempre es limitada, un acercamiento mutuo entre ellas es una realidad constatable en la realidad actual. De hecho, nos hemos dotado de instituciones globales (protecci√≥n del medio ambiente, en el √°mbito de la salud, del comercio mundial‚Ķ) que se sostienen en unos valores √©ticos normativos compartidos. Por otra parte, los relativistas tendr√≠an dificultades para condenar modelos de comportamiento propios de otros contextos culturales.

La postura comunitarista, en base a su prudencia, acepta la diversidad y busca unos criterios tenues o d√©biles ‚Äďque permitan los hechos diferenciales- de una √©tica normativa universal. Su intuici√≥n fundamental es que el hombre no puede concebirse como un individuos aislado. Frente al relativismo cultural sostienen que existe una moral global: una especie de com√ļn denominador de las comunidades que participan en un proceso constante de comunicaci√≥n mutuo. Superando el aislamiento ingenuo de los relativistas, su fisura es que no dejan claro qu√© ha de incluirse en esta moral universal, c√≥mo se forma o c√≥mo puede fundamentarse.

La universalista se ha bifurcado en la utilitarista y la liberal. La utilitarista, con base a la f√≥rmula de Bentham, propone que el fin √©ticamente justificado es el logro de ‚Äúla mayor felicidad para el mayor n√ļmero‚ÄĚ. Una √©tica normativa la tenemos que valorar siempre desde el punto de vista de su utilidad. La utilidad es un criterio formal que abre la perspectiva universal. Esta visi√≥n es la mejor aliada de la l√≥gica econ√≥mica, pero le resulta dif√≠cil en el planto global explicar qu√© debe entenderse por utilidad. La mayor√≠a hace un uso de un concepto de utilidad basado en el consumo, por lo que en √ļltima instancia entiende la utilidad en t√©rminos monetarios. La herida m√°s sangrante para los utilitaristas es que no prestan atenci√≥n a las cuestiones de distribuci√≥n en el seno de una sociedad o en de la comunidad mundial. La liberal afirma que existen unos criterios de acci√≥n universales partiendo del individuo concreto. Tiene ventajas porque se abstrae de realizar juicios de valor (lo que cada uno haga con su vida privada no se puede enjuiciar √©ticamente). Aceptan el pluralismo, pero se asientan en una concepci√≥n fundamentalmente occidental que prioriza al individuo y un cierto concepto unitario de la raz√≥n.

Podemos plantearnos criterios √©ticos globalizados tanto de una posici√≥n comunitarista como de una posici√≥n universalista. Si somos cautelosos con la posici√≥n utilitarista por su excesivo anclaje en la l√≥gica capitalista nos queda la posici√≥n comunitarista y la liberal. As√≠, es plausible plantearse que el nervio que alimenta esta reflexi√≥n es aunar la idiosincrasia (de cada sujeto ‚Äďen donde se asientan m√°s los liberales- o pueblo ‚Äďdonde se asientan m√°s los comunitaristas-) con la posibilidad de construir unas normas √©ticas universales que nos permita identificarnos como seres humanos y establecer transacciones comunicativas en base a unos valores compartidos.

 

 

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