Imaginar: Sueñe y Ejecute

Usted tiene el inmenso poder de imaginar y soñar sus metas y, tarde o temprano, éstas se ejecutarán. Alguna vez soñé con ver en persona a Sharon Stone, y mi sueño se hizo realidad! Cuando menos lo espere, lo que imagine y sueñe con emoción y fe, se manifestará físicamente en esta vida!

Marcelo Tarde
Marcelo Tarde
12 de noviembre · 711 palabras.

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* ‚ÄúLa imaginaci√≥n gobierna el universo‚ÄĚ (Napole√≥n Bonaparte)

Toda realidad tangible, antes de serlo, fue una idea, un pensamiento, un producto de la imaginaci√≥n. Todo lo que est√° hecho, incluso este art√≠culo que forma parte del libro ‚ÄúC√≥mo Vivir en el Planeta de la Confusi√≥n‚ÄĚ, era solo imaginaci√≥n.
Pero un buen d√≠a, se convirti√≥ en una realidad que ahora usted puede comprobar con sus sentidos. La casa donde vive o las oficinas donde trabaja, en el pasado s√≥lo eran modestos bald√≠os, hasta que alguien so√Ī√≥ que all√≠ mismo fabricar√≠a esa casa o edificio.
Esta situaci√≥n comprueba las afirmaciones de Henri L. Lenormand, quien con singular acierto indicaba que ‚Äúsi las pasiones y los sue√Īos no pudiesen crear nuevos tiempos futuros, la vida ser√≠a un enga√Īo‚ÄĚ.
Tome conciencia entonces, que usted tambi√©n es due√Īo de ese gran poder, y que est√° listo para ser utilizado. Imag√≠nese que lo esperan los √©xitos, uno tras otro, colocados en fila.
Pero atenci√≥n. Hay que ‚Äúhacer dar‚ÄĚ esos sue√Īos, efectuando todo lo que est√© a su alcance para que se cumplan, y para que no se queden en sue√Īos nada m√°s. El comprobar los resultados concretos, le incentivar√° a seguir con mayor √≠mpetu.
Para ello, deje de lado las frivolidades y rebase la frontera de la mezquindad, evitando la fuga de sus ilusiones y de sus ganas ardientes de crecer.

¡Ví a Sharon!

Si existi√≥ una mujer que siempre quise ver personalmente, con mis propios ojos -aunque sea a cien metros de distancia, pero verla-, esa fue la espectacular actriz Sharon Stone, protagonista del filme ‚ÄúBajos Instintos‚ÄĚ, un record de taquilla en su momento.
Le confieso que, de alguna forma, en mi interior sab√≠a que ver√≠a a esa estrella de Hollywood alg√ļn d√≠a, e incluso me lo dec√≠a. No obstante, enseguida me re√≠a de m√≠ mismo y acerca de lo que, seguramente, era una ilusi√≥n vana, una quimera, un sue√Īo.
Pero durante la realizaci√≥n del Mundial de f√ļtbol en Francia, y despu√©s de que los anfitriones se coronaran campeones del mundo, la sorpresa me tender√≠a la mesa... Aquel 12 de julio de 1998, ya en horas de la noche, todo el pueblo se volc√≥ a las calles parisinas, desbordantes de alegr√≠a y fanatismo.
Yo era uno de los tantos periodistas extranjeros apostados para la cobertura de tal evento, y uno más de los miles y miles -entre franceses y forasteros- que coparon la avenida de los históricos Campos Elíseos.
De repente, noto un arremolinamiento enorme, a la salida de un exclusivo centro nocturno. De pronto, veo estacionada una limusina blanca con vidrios polarizados -por supuesto- y casi como de la nada, aparecen fotógrafos por todos lados, uno tras otro, como desaforadas moscas en torno a un frasco de miel.
Ante mi estupor, y sin dar cr√©dito a mis ojos, quien sal√≠a de ese caf√© era... ¬°Sharon Stone! S√≠, no pod√≠a creerlo, pero era ella, abri√©ndose paso cual reina de belleza entre un mezclado enjambre de fan√°ticos del f√ļtbol, turistas, fot√≥grafos, reporteros, curiosos y todo lo que se imagine.
Rubia, alta, con un vestido largo blanco, y con unos ex√≥ticos lentes de sol, sonri√≥ ante todos los concurrentes y se meti√≥ en aquel coche, iluminando a√ļn m√°s la ya de por s√≠ gloriosa noche parisina.
Que estuviera acompa√Īado por el bigot√≥n de su esposo -de aquel entonces-, no me import√≥ en lo m√°s m√≠nimo, ¬°como usted podr√° suponer!
Lo cierto, es que con su partida y aquellos implacables ‚Äúpaparazzi‚ÄĚ -quienes se retorc√≠an apretujados encima de la limusina buscando su mejor toma gr√°fica-, me lleg√≥ el gran mensaje, la real comprobaci√≥n de que los sue√Īos s√≠ se concretan, por incre√≠bles que parezcan.
Si lo imaginamos con monolítica firmeza, si estamos convencidos de ello, cuando menos lo espere, éstos le palmearán la espalda.
Ah, me olvidaba decirle algo.
Creo que todav√≠a no me pellizqu√© a√ļn...

Marcelo Tarde Benítez
Periodista. Escritor. Conferencista Motivador. Consultor Internacional.

Artículo extractado de su libro "Cómo Vivir en el Planeta de la Confusión". Visita nuestra página web, escríbenos, y con gusto te contestaremos. Si te gustó este artículo, puedes reproducirlo, siempre y cuando sea fielmente y mencionando nuestra fuente, o sea nombre y web. Estamos a tus órdenes, que tengas un gran día!

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