El Cerebro y la Memoria

Sin embargo, la reflexión en este caso, es más sobre los aspectos neurológicos que hacen que algo se almacene de tal forma que tengamos fácil acceso a ello independientemente del tiempo que haya transcurrido o bien, se almacene de tal forma que a los pocos segundos ya no nos recordemos de nada.

José Hernández Velasquez
José Hernández Velasquez
19 de noviembre · 985 palabras.
 Ayer, en la clase de Paradigmas que forma parte del programa de Potenciación Cerebral que imparto, surgían dos temas sumamente interesantes: El primero surgió después de que una alumna expusiera sobre las funciones cerebrales y específicamente sobre los tipos de memoria que tenemos, que brevemente son los siguientes:
a) Memoria Instantánea: Aquella que utilizamos en cuestión de segundos. Por ejemplo, cuando te dan un número de teléfono y lo recuerdas por unos cuantos segundos para poder marcarlo y al minuto lo has olvidado. Otro ejemplo sería, cuando te piden que leas un listado de quince objetos y te piden que recuerdes la mayoría de ellos. En promedio quizá recuerdes 7, 8 ó 9. Una hora después, apenas recordarás 2 ó 3.
b) Memoria a corto plazo: Es aquella que utilizamos para recordar algo por un lapso de minutos o como máximo, unos cuantos días. Por ejemplo, nos sirve para recordar donde dejamos parqueado el vehículo, que hicimos el fin de semana recién pasado o lo que “calentamos” la noche anterior a un examen.
c) Memoria a Mediano plazo: Es aquella que utilizamos para recordarnos por hechos de una semana a un año. Un ejemplo sería, esa información que necesitamos para aprobar un curso o para realizar un proyecto en el trabajo y que pasado ese año, ya no la recordamos.
d) Memoria a Largo Plazo: Es la que utilizamos para recordar por un año e incluso, por toda la vida.
Ahora bien, la pregunta que surgió en el salón de clase fue: ¿Qué hace que el cerebro decida que algo es para un plazo inmediato, corto, mediano o largo?
Hay mucho que decir sobre la memoria indudablemente. De hecho, dentro del programa de Potenciación Cerebral que imparto hay una unidad dedicada a los principios de la Súper Memoria y ejercicios simples, prácticos y que potencian la memoria, que contrario a lo que muchos creen, no es que algunos tengamos mala memoria, sino que no le hemos entrenado apropiadamente.
Sin embargo, la reflexión en este caso, es más sobre los aspectos neurológicos que hacen que algo se almacene de tal forma que tengamos fácil acceso a ello independientemente del tiempo que haya transcurrido o bien, se almacene de tal forma que a los pocos segundos ya no nos recordemos de nada.
En primer lugar, recordemos que lo que le interesa al cerebro o, dicho en otras palabras, la función del cerebro es mantenernos con vida. Nada más. Por lo tanto, el cerebro PERMANENTEMENTE hace un monitoreo sobre todos los estímulos que recibe del exterior y filtra que partes de ese todo que capta en todo momento, debe mantener en primer plano y que partes son irrelevantes y por lo tanto, se pueden almacenar en áreas de difícil acceso.
Es decir, que el cerebro recibe constantemente información sobre el mundo exterior (algunos estudios dicen que recibe entre 3,000 y 200,000 bits de información), desde las personas que interactúan con nosotros, las palabras que dicen, los gestos que hacen, las cosas que no dicen, las cosas que no hacen, las similitudes con hechos pasados, personas parecidas, evalúa el mensaje, el meta mensaje, analiza el entorno de la plática, la distancia de la persona, la voz, el volumen, el tono, la importancia del mensaje, el lugar en el que estamos, la temperatura, el viento, la hora, la ropa que llevamos puesta, la sensación de la camisa, del pantalón, de los zapatos, las personas que están alrededor, el nivel de ruido, el ambiente en el que estamos, el tamaño, color y miles de datos más, incluyendo los provenientes de nuestro cuerpo.
Por supuesto, si alguien fuera consciente de todos los impulsos de información que recibe a cada segundo, se volvería loco, por lo que el cerebro elige entre tres y cinco impulsos y de ellos me hace consciente. Por eso es que apenas conocemos una mínima fracción del mundo real y de lo poco que conocemos, lo relacionamos, asociamos o mezclamos con las ideas preconcebidas que tenemos sobre todo. Por lo tanto, de lo poquísimo que conocemos, todavía lo distorsionamos.
Ahora la pregunta es, ¿Qué determina que es importante y que no lo es para que el cerebro lo mantenga en primer plano o no? NUESTRA INTENCIÓN, principalmente.
Te voy a poner un ejemplo, supongamos que tú o tu esposa, dependiendo, estás embarazada. A partir de ese momento, empiezas a ver a miles de mujeres embarazadas, ¿Por qué? Porque ahora resulta importante para ti, antes no.
Otro ejemplo: Supongamos que deseas comprar un vehículo de alguna marca no muy comercial y te gusta, pero te da miedo que no hayan muchos repuestos o que después no lo puedas revender bien. Pero, como quieres pruebas para convencerte, activas tu sistema reticular y ahora, ves lo que quieres ver: Cientos de carros de la marca que deseas comprar.
¿Ves como funciona? Tu intención es determinante para el funcionamiento del cerebro. Esto del sistema reticular —y su contrario la escotomización, que es no ver lo que no queremos ver—, tiene implicaciones importantísimas. Para hoy, baste un ejemplo: A la niña que ha crecido escuchando “Todos los hombres son iguales. Mujeriegos, Borrachos y Aprovechados”, su cerebro se especializará en buscar hombres mujeriegos, borrachos y aprovechados y escotomizará hombres que no sean mujeriegos, borrachos y aprovechados.
Otro día profundizaremos sobre este tema y sus implicaciones que son muchísimas.
Namasté.

 José Luis Hernández
Asesor y gerente de empresas. Catedrático de cursos de Economía Industrial, Seguridad Industrial, Comunicación Oral y Escrita, Organización de Talleres, Programación de Computadoras, Neurociencias Cognitivas y otros. Capacitador y conferencista de temas de crecimiento humano.

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