Buscando Tesoros

El relato de una búsqueda de un tesoro escondido en el caso de una hacienda con más de 300 años de antigüedad. Existen muchos tesoros escondidos esperando que alguien de con ellos.

Juan Michelena
Juan Michelena
7 de marzo · 1795 palabras.
Cuando alguien escribe ó habla de buscar un tesoro, puede estar hablando en cualquiera de estos dos sentidos:

El rom√°ntico de que habla en sentido metaf√≥rico, dando este valor a alg√ļn aspecto de su vida, y los otros que hablamos de buscar un tesoro en sentido literal, lo cual puede leerse como algo totalmente ut√≥pico, pero que sin embargo goza de total factibilidad, aunque usted no lo crea.

Perm√≠tame platicarle que mi actividad profesional la desempe√Īo muy estrechamente con un abogado litigante, sin que esto implique que su servidor se dedique a la carrera de leyes, sin embargo hago referencia a este aspecto debido a que representa el inicio de la parte central de este art√≠culo, que pretende documentar la b√ļsqueda literal de un tesoro.

Mi amigo abogado, se asoci√≥ con otro abogado en una ciudad vecina para juntos colaborar en sociedad y atender casos en beneficio de ambas partes. El nuevo socio de amigo, defend√≠a a un campesino que hab√≠a sido afectado laboralmente, lo que le permiti√≥ conocer a fondo la vida de esta persona que recurriendo a la b√ļsqueda de un tema de pl√°tica, hizo referencia a sus conocimientos sobre una antigua leyenda que hablaba de la existencia de un viejo tesoro escondido en el caso abandonado de una hacienda de su comunidad.

El nuevo socio de mi amigo, sin saber que su contraparte hab√≠a invertido mucho dinero y tiempo en la b√ļsqueda de tesoros, platic√≥ lo que el campesino le hab√≠a confiado, as√≠ que inmediatamente el destino coloc√≥ en la mesa las dos variables indispensables para desarrollar la b√ļsqueda de un tesoro: a) La existencia de una leyenda que hablaba de la existencia de un tesoro oculto y b) la experiencia y la tecnolog√≠a que tiene mi amigo, lo cual permiti√≥ que se iniciara en forma profesional la b√ļsqueda de un tesoro.

Mi amigo abogado, su socio tambi√©n abogado, el campesino poseedor de la leyenda, y un servidor como agregado culturar, decidieron comenzar la b√ļsqueda del tesoro, previo acuerdo de repartici√≥n en caso de que este fuera hallado.

Aqu√≠ les relato la experiencia de buscar y encontrar un tesoro que ten√≠a oculto m√°s de cien a√Īos.

Con la finalidad de mantener en confidencia los nombres y los lugares, para proteger a los involucrados de este hecho real, omitir√© nombrar a las personas que participaron en dichos eventos, lo cual espero que no reste en ning√ļn momento la credibilidad de lo aqu√≠ contado.

Un d√≠a mi√©rcoles, en que los abogados en conjunto ten√≠an que reunirse en la comunidad del campesino, para el desahogo de una prueba con relaci√≥n al caso de este √ļltimo, decidieron agendar la b√ļsqueda del tesoro al terminar la diligencia citada.

Nos dispusimos a abordar el vehiculo 4 x 4 repleto de detectores de tesoros, herramientas para cavar, chamarras, agua, máscaras antigas, cigarrillos, sombreros y todo aquello que mi amigo consideró oportuno para apoyar en la labor.

El campesino nos fue guiando por caminos de tierra, al parecer poco transitados por el mal estado en que se encontraban. Circulamos con dificultad por espacio de dos horas, mientras que el Se√Īor nos contaba con detalle el origen y los detalles de la misteriosa an√©cdota que le hab√≠an contado sus abuelos sobre la existencia de un gran tesoro escondido en el caso de la hacienda.

Les tengo que confesar, que derivado al reducido nivel cultural del campesino, a su poco l√©xico y al lugar por donde viaj√°bamos, me parec√≠a inveros√≠mil la historia que nos relataba y m√°s a√ļn la existencia real de un tesoro enterramos, as√≠ que sin expresarlo, mantuve este sentimiento en mi mente, sin cuestionar nada de que lo q escuchaba. Por otro lado, ve√≠a la cara de mis compa√Īeros y percib√≠a un sentimiento similar al m√≠o, sin embargo, era evidente que dejar el camino en estos momentos no era ya una opci√≥n.

Llegamos al caso de la hacienda, lo cual fue un buen primer paso de credibilidad, porque un servidor dudaba que fuéramos a encontrar siquiera una edificación en aquella zona alejada de todo.

Mi amigo, el experto, descendió de su camioneta, se armó con el equipo detector, y con un ánimo de dar por terminado todo de la manera más rápida posible, nos pidió a los demás que permaneciéramos cercanos al vehiculo mientras él desplegaba su tecnología.

Mientras mi amigo se alejaba de nosotros, nos quedamos platicando de otros temas no relacionados, haciendo bromas y admirando el paisaje, que cabe se√Īalar era muy atractivo.

Mi amigo realiz√≥ un barrido del terreno alrededor de la construcci√≥n y regres√≥ a nosotros sin hacer ning√ļn comentario sobre los resultados que hab√≠an arrojado los aparatos, cuando todos viv√≠amos una gran desesperaci√≥n por conocer su veredicto al respecto, sin embargo mi amigo me llam√≥ y me pidi√≥ que realizara la misma actividad que momentos antes hab√≠a desempe√Īado, con el √°nimo de corroborar el dato, que en este momento segu√≠a siendo una gran inc√≥gnita. Me instruy√≥ en el manejo del equipo, me dio instrucciones precisas del lugar de b√ļsqueda y me pidi√≥ que no dijera nada sino hasta finalizar.
Para ese entonces, yo ya ten√≠a una versi√≥n del lugar por parte del campesino. La edificaci√≥n era un viejo granero edificado de piedra y cal, con unas paredes muy anchas y el techo abovedado. Frente a la entrada del edificio hab√≠a una especie de corral de piedra bien acabado, que se compon√≠a de una pared circular de metro y medio de alto con una sola entrada. Seg√ļn el campesino, el entierro se localizar√≠a dentro de este espacio que quiz√°s sirvi√≥ en alg√ļn momento para reunir al ganado.

Siguiendo al pie de la letra las instrucciones, realic√© un barrido recorriendo un tri√°ngulo equil√°tero alrededor de la construcci√≥n. El detector marc√≥ con gran fuerza una se√Īal de oro escondido en una de las paredes de la construcci√≥n, lo cual comente al experto al finalizar mi encomienda. Mi amigo me coment√≥ que efectivamente a √©l le hab√≠a marcado lo mismo y en el mismo lugar.

Dejamos el equipo en la camioneta y nos dirigimos al muro marcado por los aparatos. Cuando comenz√°bamos a escudri√Īarlos, inmediatamente tuvimos que salir corriendo debido a que en el lugar se localizaba un panal de abejas, que al sentir nuestra presencia, inmediatamente provocaron una nube de insectos que defend√≠an su territorio.

Lo primero que ten√≠amos que resolver, antes de siquiera pensar en cavar √≥ realizar un hoyo en las paredes, era obtener el permiso del due√Īo para hacerlo. Despu√©s ten√≠amos que resolver cuidadosamente el tema de las abejas, para lo cual no √≠bamos preparados, as√≠ que tuvimos que dejar el lugar, a√ļn cuando el campesino insist√≠a en que era el momento de cavar.

Despu√©s de unos meses de gesti√≥n con el propietario del lugar, obtuvimos el permiso para excavar, con el compromiso formal de dejar la construcci√≥n en el mismo estado en que se encontraba. Curiosamente el due√Īo, un se√Īor de edad avanzada, al enterarse que nuestro prop√≥sito era desenterrar un supuesto tesoro escondido en su propiedad, lo √ļnico que nos pidi√≥ es que el da√Īo fuera reparado, que le avis√°ramos lo encontrado y que tuvi√©ramos bendiciones. Nos externo que √©l era un hombre s√≥lo, aguardando la muerte en el corto plazo, por lo tanto no ten√≠a el deseo de participar en la repartici√≥n del tesoro, s√≥lo nos pidi√≥ que le inform√°ramos y nos aconsej√≥ que al encontrar lo que supuestamente busc√°bamos, fu√©ramos honestos, ecu√°nimes, humildes y agradecidos, porque ‚Äúel dinero, es el Diablo‚ÄĚ, y nos dej√≥ esta clara advertencia al respecto de lo que podr√≠a causar la avaricia y el ego√≠smo en nuestras vidas.

El siguiente fin de semana en que obtuvimos el permiso, nos equipamos los cuatro participantes originales para comenzar la b√ļsqueda.

Retiramos el panal de abejas con humo, lo cual fue una labor de un d√≠a, y una vez librado este obst√°culo y previo a un nuevo muestreo con el equipo, procedimos a cavar en el muro donde se identificaba la se√Īal.

Retiramos unas cuantas piedras que compon√≠a el mur√≥ y encontramos un peque√Īo bolso de piel, lleno de tierra y algo de humedad, a punto de deshacerse, lo cual despert√≥ en todos un gran √°nimo y una gran curiosidad. ¬°Lo hab√≠amos logrado!, hab√≠amos encontrado un tesoro oculto.

En el interior del bolso, se resguardaban dos peque√Īas monedas de oro de $20 pesos fechadas en 1920. Se encontraba una peque√Īa cruz de oro un tanto maltratada por el uso, la cual pesaba aproximadamente unos 4 gramos. Lo m√°s relevante, es que dentro del bolsillo encontramos una nota, escrita con letra antigua, en un pedazo muy maltratado de papel a√Īejo que rezaba lo siguiente:

Refugio:
Estas monedas las escond√≠ el d√≠a en que tuve que partir para el norte, las dej√© aqu√≠ para que nadie las encontrara hasta la v√≠spera de la tranquilidad, Don Rufino de la Hacienda Grande te las puede pagar bien con grano pa¬ī los animales y mantas, ancina le pido al Se√Īor que te llene de bendiciones.
Juvencio


Para poder leer la nota fue necesario una serie de consultas con personas acostumbradas a leer este tipo de letra, y haciendo conclusiones de algunas palabras que anteced√≠an a otras, ya que el documento se encontraba muy a√Īado por los a√Īos.

Intentamos localizar con los pobladores cercanos, el paradero de ‚ÄúRefugio‚ÄĚ √≥ de alg√ļn familiar, para poder cumplir el deseo del antiguo propietario del tesoro, sin embargo nadie nos pudo informar con veracidad el paradero de esta persona, m√°s a√ļn cuando nos enteramos que en la localidad hab√≠a antecedentes de tres personas que llevaron en vida este nombre, pero ninguna de ellas se relacionaba con la √ļnica persona nombrada Juvencio. La √ļnica persona que en vida se llam√≥ Juvencio Mart√≠nez Ruiz, fue un pe√≥n que trabaj√≥ para la Hacienda y que mur√≠o a la edad de 23 a√Īos de una enfermedad relacionada con la tuberculosis, qui√©n era hijo de Filem√≥n Mart√≠nez y Rosenda Ruiz, que nunca tuvieron relaci√≥n alg√ļna con las mujeres nombradas Refugio. No sabemos si este j√≥ven a su corta edad y a su condici√≥n social, pudiera haber sido el due√Īo de lo que entonces se consideraba una gran cantidad de dinero.

Considerando que el tesoro encontrado no resolver√≠a nuestra situaci√≥n econ√≥mica permanentemente, decidimos conservar las monedas y pagarle al campesino el monto que se hubiera repartido entre los cuatro participantes, sin embargo la experiencia vivida nos deja a todos un sentimiento indescriptible de aventura y admiraci√≥n, al ser testigos del hallazgo real de un peque√Īo tesoro escondido en el tiempo.

 Por: Juan Michelena
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