La Mujer de la Discordia

México, recién independizado de España, no perdió la oportunidad de ser una nación prospera por políticos ineptos o por militares golpistas sino por una mujer.

Adán J. Loredo
Adán J. Loredo
23 de December · 1047 palabras.
Por ahí de los tiempos de la independencia de México, destaco mucho, por su crueldad en las batallas, Agustín de Iturbide.

Primero ofrec√≠a su sangre por el rey de Espa√Īa y con esa bandera fusilo a cuanto se le puso en el camino de los que luchaban por la independencia. Despu√©s que se dio cuenta que si se pon√≠a vivo el pod√≠a ser rey, cambio de bandera y ofreci√≥ su espada a sus antiguos enemigos.

Pero nada de bajarle el rango por tantos a√Īos de enemistad. Todo lo contrario, se volvi√≥ independentista como jefe supremo.Poco tiempo despu√©s de su cambio de bandera, las cosas le salieron como si las hubiera so√Īado. La independencia se consolido despu√©s de m√°s de una d√©cada de fusilamientos y saqueos.
El anterior militar realista, que nunca se jugo el pellejo para liberar a su país, fue regente de México, nada más porque todavía no terminaban de pulirle la corona. Una vez que esta quedo terminada, se la enjareto sin pedir muchas opiniones y paso a llamarse Agustín I de México. El emperador repartió títulos de nobleza al por mayor.

Como era de esperarse, lo mejor lo reservo para sus allegados. Su hermana, do√Īa Nicolasa, ya sumaba seis d√©cadas por esas √©pocas y era aun due√Īa de su virtud, lo que es lo mismo: solterona.

Hab√≠a en Veracruz un personaje con una ambici√≥n de gloria militar descomunal. Todo lo dem√°s que ten√≠a eran defectos. Antonio L√≥pez de Santa Anna era un hombre muy joven en esos tiempos. Excelente mentiroso y buen organizador. No se pod√≠a quedar quieto y se la pasaba planeando la forma de escalar pelda√Īos. La fortaleza de San Juan de Ul√ļa todav√≠a estaba llena de espa√Īoles que esperaban la oportunidad para reconquistar M√©xico. Iturbide no encontraba la forma de sacarlos de all√≠ de una vez por todas. Santa Anna, el taimado jalape√Īo lo pens√≥ muchas veces, si lograba liberar la fortaleza, eso lo catapultar√≠a a las esferas del poder. Pero atacar Ul√ļa ten√≠a sus riesgos: pod√≠a perder la vida o el prestigio que ya tenia, y bastantes mentiras hab√≠a tenido que contar para obtenerlo.

Un blanco mucho m√°s fr√°gil y que opondr√≠a menos resistencia, era el coraz√≥n de do√Īa Nicolasa. Santa Anna comenz√≥ a coquetearle descaradamente a la princesa. √Čsta, por su parte, se hizo poco del rogar. Un hombre con la mitad de su edad no era para desperdiciarse. Iturbide ten√≠a verdaderos problemas para ese entonces: se encontraba rodeado de enemigos a tal punto que se la pasaba metiendo a gente en la c√°rcel por conspiraci√≥n. Su peor problema, sin duda alguna, era la falta de dinero, con el cual hubiera podido resolver muchos de sus problemas, como, por ejemplo, pagar los salarios a sus soldados. Para colmo le fueron a contar que su hermana hab√≠a regresado a la adolescencia por culpa de Santa Anna.

Inmediatamente les rompió el corazón a los dos: a ella le quito la posibilidad de casarse con un hombre muy joven y a él la oportunidad de ser príncipe.

Para suerte de Santa Anna, Iturbide no lo fusilo, pero si lo mando a sacar a los espa√Īoles de Ul√ļa, con la esperanza de que ellos si lo fusilaran. Ese fue el gran error del Emperador. Al poco tiempo le costo el imperio y la vida. A Santa Anna su destierro de la capital no le vino tan mal. Se fue a meter a su natal Veracruz para darse vida de rey. La liberaci√≥n de Ul√ļa pod√≠a esperar, las fiestas y las peleas de gallos no. Aprovecho una ocasi√≥n que Iturbide fue a tierras jarochas para demostrarle que en su tierra era profeta, aunque fuera solo mientras el emperador estuviera all√≠. El poco tiempo que estuvieron juntos sirvi√≥ solamente para que se enemistaran aun m√°s. Cuando Iturbide abandono Veracruz, sabia que tenia que deshacerse de Santa Anna.

Por su parte el jalape√Īo no perdi√≥ el tiempo. Cuando se desapareci√≥ el carruaje del emperador en el horizonte, proclamo la Republica y se pronuncio contra √©l. Su intenci√≥n era escalar pelda√Īos y teniendo al Emperador como enemigo a muerte no subir√≠a ni uno solo. Por el contrario, era de esperarse que en cualquier momento lo fusilaran y despu√©s buscaran un pretexto por haberlo hecho.

La realidad era que Santa Anna no era republicano ni imperialista, pero odiaba a Iturbide porque no quiso ser su cu√Īado. Su levantamiento fue la chispa que esperaban muchos para tomar las armas contra el emperador. Entre ellos personajes de renombre como Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria. Ambos serian despu√©s presidentes de M√©xico y tambi√©n su mala suerte estar√≠a ligada a las decisiones de Santa Anna. Iturbide, por su parte, no le quedo m√°s remedio que restituir el congreso que ya antes hab√≠a disuelto y renunciarles en la cara, para despu√©s abandonar el pa√≠s. Ni siquiera hab√≠a ajustado un a√Īo con la corona puesta, se corono en mayo de 1822 y para marzo del siguiente a√Īo todo estaba acabado. Vivi√≥ en Europa una temporada, pero decidi√≥ regresar solo para ser fusilado sin juicio alguno, mientras Santa Anna era gobernador de Yucat√°n, y ya se estaba convirtiendo en un ferrocarril sin freno en la vida pol√≠tica de M√©xico.

La ca√≠da del imperio y el posterior fusilamiento de Iturbide, fueron el principio de una tragedia que se extender√≠a por muchos a√Īos. De ah√≠ en adelante todo fue traiciones y revoluciones y cuando peor estaban las cosas, no faltaba una potencia extranjera que quisiera apoderarse de M√©xico. Como no pod√≠a faltar, Santa Anna era siempre el protagonista en todo. Ya fuera como revolucionario, como presidente, o como defensor de la patria, nunca se exclu√≠a al jalape√Īo. Tal vez algunas veces quiso hacer las cosas bien, pero la desgracia radica en que siempre las hizo mal. Muchas personas se preguntaran, ¬Ņqu√© hubiera pasado si Iturbide le conced√≠a la mano de su hermana? Es imposible saberlo, de Santa Anna pod√≠a esperarse cualquier cosa.

Puede decirse que do√Īa Nicolasa, con sus muchos a√Īos y nada agraciada, fue la primera piedra para las revoluciones del siglo XIX, que trajeron a M√©xico todos los males existentes que formaron el car√°cter del mexicano actual. Otros por mucho menos de eso se han ganado un monumento.

Ad√°n J. Loredo

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