Siendo Mejores!! Delfines o Tiburones

Delfines y Tiburones ¿En qué nos parecemos los seres humanos a los delfines? ¿Qué podemos aprender de ellos para ser más efectivos? ¿Cómo actúan los tiburones? ¿Cómo podemos usar la metáfora de los tiburones para identificar conductas que deberíamos evitar? Veamos cómo podemos aprender a ser “delfines” en u

Diego Rubio
Diego Rubio
6 de octubre · 2865 palabras.
"La suerte NO existe, cada uno forja su destino para lograr llegar al objetivo.

Si estamos positivos, con mente abierta, rompiendo paradigmas que nos permitan ampliar nuestro entorno y llevamos cargados un software claro y adecuado, sera mas facil lograr lo que nos propongamos.

Nuestro hijos deben ser cargados con este tipo de software ganador y positivo"

Delfines y Tiburones

¿En qué nos parecemos los seres humanos a los delfines? ¿Qué podemos aprender de ellos para ser más efectivos? ¿Cómo actúan los tiburones? ¿Cómo podemos usar la metáfora de los tiburones para identificar conductas que deberíamos evitar? Veamos cómo podemos aprender a ser “delfines” en un mar de “tiburones”.
Otro factor clave del éxito.

Desde la antigüedad, los delfines han sido símbolos de espiritualidad, afecto, felicidad y excelencia. Los griegos les llamaban “ángeles de los mares”. Actualmente, los delfines se han convertido en símbolo de sinergia, agilidad e inteligencia.

Al igual que los seres humanos, los delfines son mamíferos. Cuando nace un bebé delfín, toda la manada apoya a la madre y al recién nacido. Les admiramos por su velocidad y agilidad; pero, más que nada, por su gracia y elegancia. Sorprende el espíritu de equipo que muestran en muchas de sus actividades; qué decir de su extraordinario sistema de comunicación y percepción.

En cambio, los grandes tiburones blancos son muy diferentes. Poseen un diseño aerodinámico casi perfecto, pero su conducta social es agresiva e individualista. Incluso atacan ciegamente y devoran a los de su misma especie. Necesitan estar en permanente movimiento para no hundirse, pues no poseen vejiga natatoria que les dé estabilidad. Son solitarios e inspiran miedo.

Sin pasar por alto las debilidades que pudieran tener los delfines o las fortalezas de los tiburones, usamos esta metáfora para asociar el comportamiento de la persona competitiva, cooperativa y productiva con el delfín. Con el tiburón asociamos el comportamiento de la persona negativa, hostil y egoísta que afecta a los grupos sociales, equipos de trabajo y ambientes en los cuales se desenvuelve y trabaja.

En esta metáfora, un “tiburón” es alguien cuyo comportamiento es arrogante, violento, territorial, egoísta, conformista, corrupto, temeroso, despilfarrador y desequilibrado y hasta sanguinario.

Por el contrario, un “delfín” es alguien cuyo comportamiento muestra velocidad efectiva, creatividad innovadora, enfoque energético, esfuerzo constante, alegría vibrante, ética consistente, empatía, negociación ganadora, cooperación sinergética, armonía inspiradora y logros trascendentes.

Ante esto podríamos decir con ligereza “¡Qué va! No podemos ser perfectos”. Con esta propuesta no pretendo sugerir que todos debemos sobresalir en todas estas conductas idealizadas. Pero sí quiero decir que todos debemos hacer el esfuerzo para lograrlo en nuestras actividades cotidianas. En su libro Ilusiones, Richard Bach escribió: “Justifica tus limitaciones y te quedarás con ellas.” Al contrario, debemos atrevernos a mirar más allá de nuestras limitaciones.

Para ser un “delfín”, alguien a quien las personas admiran, aman y buscan como pareja, socio, líder o amigo, es preciso que tengamos humildad y coraje: humildad para reconocer cuánto de “tiburón” mostramos en nuestro comportamiento; coraje para tomar la decisión de cambiar y mejorar practicando nuevos comportamientos, pensando. Eso sí, en buscar llegar a ser “delfín”.

Los cuatro acuerdos

Quiero que olviden todo lo que han aprendido en su vida entera. Éste es el principio de un nuevo entendimiento ..-- Miguel Ruiz

Deben estar dispuestos a romper paradigmas… -- Fernando Sánchez Arias

¿Podemos mejorar nuestra interacción con los demás si cambiamos nuestra forma de pensar? ¿Cómo podemos poner en práctica la sabiduría innata en nuestra realidad de vida? Examinemos estos cuatro “acuerdos” y aprendamos cuatro medidas que podemos tomar para encontrar el éxito en nuestra vida.

En su libro The Four Agreements, basado en su profundo conocimiento sobre la sabiduría tolteca mexicana, Miguel Ruiz nos presenta la forma en que vivimos y los acuerdos o principios que hemos aprendido de nuestros padres, maestros, parientes y figuras influyentes a través de los años.

Ruiz nos invita a evaluar los acuerdos, creencias y paradigmas que rigen nuestra forma de pensar, sentir y actuar en nuestra vida diaria. Acepté su invitación, y examiné mis creencias. Este ejercicio me ayudó a ver cómo algunas de mis creencias me habían hecho sufrir innecesariamente, mientras que otras me habían hecho inmensamente feliz y me habían causado gran satisfacción en el plano personal y profesional.

El autor nos exhorta a evaluar nuestras creencias detenidamente y con honestidad, y luego incorporar a nuestra vida cuatro preceptos o “acuerdos” – como los llama. Estos “acuerdos” son compromisos para actuar, los cuales nos ayudan a vivir en una atmósfera de armonía y eficacia. Éstos son los cuatro acuerdos:

1. Sé impecable con las palabras:

El prefijo "im" significa “sin”, y “pecatus” es la palabra latina para “pecado”. Por lo tanto, “impecable” significa “sin pecado”. Pero no se refiere al pecado en el sentido religioso o moral. Es el pecado que cometemos cuando nos saboteamos y perjudicamos diciendo cosas negativas a los demás, atacando a los demás, o atacándonos a nosotros mismos. De acuerdo con Ruiz, hechizamos negativamente a los demás y nos hechizamos con nuestras palabras.

Podemos crear hechizos buenos y hechizos malos. En este acuerdo, reestructuramos nuestro sistema conversacional, comenzando por vigilar lo que decimos, cuándo lo decimos y cómo lo decimos. Ser impecable con tus palabras significa “lanzar hechizos buenos” y hablar bien sobre los demás y sobre nosotros mismos, comprometiéndonos a no juzgar a nadie.

2. No te ofendas o tomes las cosas de un modo personal

Todos vivimos en nuestra propia mentalidad, nuestras propias dimensiones y nuestra forma muy particular de percibir la realidad que nos rodea. El hecho de ofendernos por lo que otros dicen o hacen y suponer que actúan en contra nuestra tiene su origen en la forma egocéntrica en que nos criaron. Es egocéntrica porque se basa en la creencia de que el mundo gira en torno a nosotros.

Cualquier acción que provenga de otros es una proyección de su propia realidad, no de lo que queremos que sea nuestro pasado y presente. Cuando no tomamos lo que nos sucede como un agravio personal, podemos disfrutar de la armonía.

3. No hagas suposiciones

De acuerdo con Ruiz, sólo vemos lo que queremos ver y escuchamos lo que queremos escuchar. Muchas veces no percibimos las cosas como son. Cuando suponemos algo, caemos en una enorme trampa: creer que nuestras suposiciones son ciertas. Y cuando otros no aceptan la “verdad”, nos enojamos y creamos un ambiente miserable a nuestro alrededor.

Ruiz dice que las personas raras veces hacen preguntas para encontrar la verdad. Simplemente dan por sentado o presumen que algo es cierto. Defienden lo que suponen y tratan de demostrar que los demás están equivocados. Para evitar hacer suposiciones, debemos preguntar, aclarar y confirmar lo que hemos escuchado o percibido.

4. Siempre da lo mejor de ti

Ruiz nos enseña que tenemos que tener en cuenta que nuestro nivel de energía es variable y que lo mejor que podemos dar de nosotros un día no es igual que en otro día. Pero lo más importante no es sólo entender este flujo de energía, sino aceptarlo con humildad.

El cuarto acuerdo cuestiona incisivamente el esfuerzo excesivo de los adictos al trabajo, como yo. Es esencial que nos preguntemos: ¿Cuál será el costo y cómo se afectará la productividad cuando hacemos un esfuerzo ilimitado? ¿Cuánto disfrute nos perdemos cuando trabajamos en exceso?

Dar lo mejor de nosotros requiere que nos sintamos felices al hacer lo que hacemos. Es difícil exhibir nuestro mejor desempeño al hacer algo sólo porque pensamos que debemos hacerlo. Cuando encontramos el trabajo o la tarea que verdaderamente nos hace feliz, podemos destacarnos en esa área y dar en realidad lo mejor de nosotros.

Haz un compromiso

Para cumplir con estos cuatro acuerdos, tenemos que comprometernos a seguirlos. Ruiz dice que estos acuerdos son tan fáciles que hasta un niño puede entenderlos rápidamente, pero su aplicación requiere la acción diaria de un guerrero. Si tu desempeño está por debajo de lo esperado, es esencial que tengas el valor de levantarte y tratar de nuevo.

No será fácil, porque todos cargamos un historial de hábitos y creencias que suelen hacernos caer en la trampa. Sin embargo, no tenemos que olvidar todo lo que hemos aprendido. La felicidad y el éxito en nuestra vida personal y profesional depende de deshacernos de lo que no nos funciona y aprender a aplicar conceptos como estos cuatro acuerdos, que nos motivan a mejorar como personas y a mejorar nuestras relaciones con los que nos rodean.

Desarrolla tu marca personal

¿Cómo podemos destacarnos y sobresalir entre nuestros competidores, enfocarnos en nuestras habilidades y tener una influencia positiva en nuestros objetivos? La respuesta radica en el concepto de la creación de una Marca Personal, una manera profesional y efectiva de presentarnos ante los demás, lo cual es otro factor vital para alcanzar el éxito.

En esta época tan competitiva, las personas se esfuerzan constantemente por mejorar y mantener al día su preparación en todos los campos. Por lo tanto, tienes que mercadearte adecuadamente para obtener un nuevo contrato, o ese empleo o ascenso al que tanto aspiras. Tu conocimiento, experiencia y habilidades son esenciales, pero también tienes que exponerlos de la mejor manera posible. Puedes hacerlo desarrollando tu marca o identidad personal, una marca que te distinga de todos los demás.

Atrévete a ser tú

Una marca personal no es otra cosa que la proyección pública de tu personalidad y tus destrezas. Para desarrollar una marca personal exitosa, tienes que atreverte a diseñarla de acuerdo a cómo quieres que te vea el mundo, en lugar de lo que crees que otras personas piensan de ti.

Tienes el poder de influir en las personas para que te vean exactamente como deseas que te perciban. Para ello, define primero quién eres – tus fortalezas, tus valores, tus metas y tu personalidad – y presenta estas características de forma persuasiva y convincente.

Atrévete a expresarte de acuerdo con tus propios valores, fortalezas y rasgos únicos. Crea un concepto magnífico sobre quién eres y preséntaselo al círculo de personas y organizaciones con las que interactúas.

Una buena imagen no es suficiente

Establecer una marca personal no sólo significa tener una buena imagen. Es demostrar satisfactoriamente cómo puedes contribuir como miembro de un equipo. Ya sea en el trabajo o en otro lugar, es necesario dedicar tiempo y talento para diseñar una propuesta sobre lo que tienes para ofrecer, junto con la habilidad para cumplirlo.

Una vez que hayas decidido qué es lo que puedes ofrecer —tu experiencia, tus habilidades y tus puntos fuertes— debes establecer y definir tus metas de la forma más clara posible, así como las estrategias que implementarás para darte a conocer.

Si tienes una visión clara de lo que quieres alcanzar en tu vida profesional, diseñar tu marca personal te dará el empuje que necesitas para alcanzar el éxito. Pero también debes cumplir lo que prometes.

Las Ocho Leyes para la Creación de una Marca Personal:

Para destacarte en cualquier mercado, Peter Montoya, autor de The Brand called You, recomienda poner en práctica las siguientes ideas, conocidas como las Ocho Leyes para la Creación de una Marca Personal.

1. Especialización: Desarrolla una marca personal que sea precisa y que se enfoque en una sola fortaleza vital. Traza un plan para desarrollar tus habilidades, actitudes y destrezas a la vez que te concentras en un servicio o producto único que puedes ofrecer.

2. Liderazgo: Asegúrate de que tu marca personal tenga autoridad y credibilidad. Ambas cosas son necesarias para alcanzar la excelencia y una posición de renombre en el mercado.

3. Personalidad: Construye tu marca personal usando como base tus verdaderas características personales. Aspira a ser lo mejor que puedas ser, no a ser perfecto.

4. Distinción: Expresa tu marca personal de manera que sea diferente de la competencia. Haz que tu mensaje sea tan distinto que se note y sea recordado.

5. Visibilidad: Haz que tú marca personal sea tan visible como sea posible. Los clientes eligen productos y servicios que conocen porque los han visto o han escuchado sobre ellos.

6. Concordancia: Tu conducta privada debe concordar con tu marca personal.

7. Persistencia: Crear tu marca personal puede tomar tiempo, de manera que ten paciencia y toma medidas para desarrollarla.

8. Buena voluntad: Establece beneficios mutuos y colectivos como los valores principales en los que se basan las acciones relacionadas con tu marca personal. Alcanzarás mejores resultados para ti y para los que te rodean.

Construir tu marca personal es un reto, pero es posible y necesario. Es importante ser creativo y tener una actitud proactiva, así como saber distinguir entre tu imagen personal y tu marca personal. Recuerda que tu marca personal va más allá de elementos superficiales. Es una oportunidad excelente de aumentar tu potencial y el reconocimiento que recibes en tu comunidad y en el mundo.

Logra el Equilibrio

¿Cómo puedes tener éxito en tu trabajo sin sacrificar tu vida personal? ¿Es posible mantener el equilibrio, tan deseado, entre lo personal y lo profesional? ¿Cómo se logra el equilibrio entre la vida familiar y el trabajo? Lograr el equilibrio entre lo personal y profesional es otro factor clave para el éxito.

En épocas de crisis; cuando el tiempo aprieta; cuando se nos exige mayor dedicación a nuestro trabajo; cuando es más feroz la competencia por un contrato, por una promoción o por un aumento de sueldo; entonces, nos enfocamos más en las tareas y menos en el proceso. Ahí es cuando comenzamos a sentir los múltiples efectos del desequilibrio.

Este desequilibrio afecta tanto a nuestro cuerpo como a nuestras relaciones. Nos enfermamos, tenemos dolores de cabeza, trastornos estomacales y alteraciones en la piel. La familia demanda que compartamos más nuestro tiempo. Los amigos reclaman más nuestra presencia. Todo esto puede crear un sentimiento de culpa que afecta a las demás dimensiones de nuestra vida.

Busca el equilibrio

Todos los seres humanos vivimos una paradoja cuando debemos buscar el equilibrio en un ambiente donde lo natural es perderlo. Los cambios en los horarios de trabajo, los avances tecnológicos, la crisis económica, la globalización, los retos sociales y las transformaciones ambientales, han trastrocado el equilibrio natural del ser humano.

Sin embargo, ante este mismo entorno, hay personas que saben equilibrar su cuerpo, su mente y sus emociones, al tiempo que contribuyen para que lo mismo ocurra con su familia, vecinos y semejantes. Emplean su tiempo de modo que trabajan con eficiencia, hacen deporte, socializan y mantienen un buen ritmo de actividades personales y colectivas.

Todos necesitamos el equilibrio interior entre las demandas personales (ser más inteligentes, manejar mejor las emociones, ser más saludables y más espirituales) y las demandas sociales (ser buen padre y esposo, buen profesional, buen amigo y ciudadano), para ser totalmente eficaces.

Recupera el equilibrio

Para lograr el equilibrio en el día a día, los expertos recomiendan ciertas acciones sencillas pero poderosas:
Para tu equilibrio personal:

1. Lee durante 15 minutos antes de acostarte.

2. Inicia una rutina de 15 minutos de respiración consciente al levantarte.

3. Come más frutas y vegetales pero menos frituras, azúcares y harinas.

4. Bebe más agua y jugos pero menos café y alcohol.

5. Ora y agradece al levantarte, da gracias en la mesa y, también, al acostarte.

6. Diariamente realiza algún tipo de ejercicio.

7. Lleva un diario de tus actividades y cumple lo planeado.

Para tu equilibrio social:

1. Usa un planificador u organizador personal para organizar tu tiempo durante la semana. Aprende a resolver primero lo primero.

2. Asigna el tiempo, proporcionalmente, a las diferentes áreas de tu vida. Atiende al área que tiendes a relegar.

3. Enfócate en trabajar mejor, no en trabajar más.

4. Evita el síndrome del héroe. Pide ayuda a tu gente.

5. Sorprende a tu familia y amigos con actividades inesperadas.

6. Desconéctate. Apaga tu celular y la televisión. Obséquiate tiempo de calidad.

7. Comienza un voluntariado de una hora a la semana.

Lograr el equilibrio total es un desafío, pero es posible y necesario. Si somos creativos y efectivos, y pedimos ayuda, podremos combinar acciones de equilibrio personal, como podría ser el ejercicio, con acciones de balance social como compartir más tiempo con los hijos. Esto nos hará personas más saludables, productivas, dinámicas y felices.



Cada grano de arena es importante.....
Diego Marcelo Rubio

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