Barcelona lleva dos décadas renovando y desarrollando la reputación de sus restaurantes. Hoy son establecimientos emblemáticos de una señorial ciudad europea del mediterráneo.

Por: Knilsson Brown

Barcelona, ciudad cosmopolita por excelencia dentro del territorio nacional, innovador y dotado de la apertura inherente a la cercanía con el mar, imaginemos que queremos obsequiar a nuestra pareja con una cena romántica para celebrar el aniversario. Nada mejor que elegir entre los buenos restaurantes en Barcelona.

Es más que evidente que los preceptos sobre los que se evalúa la eficiencia y la calidad de los bienes y servicios hoy, han variado mucho. Hoy los gastos han dejado de solventarse a golpe de créditos, hoy los gastos hay que tenerlos previstos y controlados, hoy… las finanzas familiares han dado un giro, bien interesante por cierto, hacia la eficiencia y los nuevos hábitos de consumo.

En un paseo por la Barcelona nocturna romántica y bohemia, cultural e histórica, nos encontramos con todo un abanico significativo de reductos que han caracterizado a las señoriales ciudades de la vieja Europa… de un trozo de la pasión mediterránea en forma de restaurante pensado para celebrar el amor.

Luz tenue, música sugerente, emulación del contacto con la naturaleza como vínculo intrínseco a las relaciones de pareja y la satisfacción de los instintos tras el despertar de las pasiones. Simplemente espectacular la carta en su totalidad y un precio razonable para una noche especial, 40 euros por persona de media.

Muchos locales cumplen con estas especificaciones. Muchos restaurantes poseen una alta reputación y la estima de sus clientes. Los restaurantes de Barcelona, desde los años 90 han sufrido un sobresaliente desarrollo y evolución al igual que la propia ciudad.

La dependencia entre la reputación y la relación directa del compromiso y la calidad con su consolidación es esencial en un escenario como el actual en el que la eficiencia se logra a través de una competencia feroz en un contexto de escasez de recursos.