La siembra directa (SD) es un sistema de manejo que no remueve el suelo y mantiene cubierta la superficie con los residuos de cultivos anteriores.

Por: Maitena Rumble

 Esta forma de manejo conserva el suelo al disminuir el impacto de la erosión hídrica y/o eólica. Otras ventajas de la SD son: mayor disponibilidad de agua para los cultivos, mejor fertilidad química, física y biológica del suelo, menor costo de producción por unidad de superficie, rendimientos más altos y estables y la posibilidad de secuestrar carbono (C) en el suelo (Marelli, 2001; Martino, 2001a). Los problemas observados bajo SD son: exceso de residuos en zonas templado-frías que dificultan la implantación y el crecimiento inicial de los cultivos, cambios en la población de plagas que pueden afectar el crecimiento de las plantas y formación de capas compactadas en el perfil del suelo explorado por las raíces (Fontanetto y Keller, 2001; Martino, 2001b).

La superficie bajo SD se ha incrementado en los últimos años, especialmente en los países del Cono Sur que presentan la mayor proporción del área de cultivos extensivos bajo SD (Tabla 1) (Derpsch y Benites, 2004). En Brasil, Paraguay, Bolivia y Argentina, entre el 50% y el 60% del área bajo cultivo se encuentra bajo SD, y 90% de esta superficie esta bajo SD continua.

El fósforo (P), después del nitrógeno (N), es el nutriente que más frecuentemente afecta la producción de cultivos. El P forma parte de enzimas, ácidos nucleico s y proteínas y está involucrado en prácticamente todos los procesos de transferencia de energía. El contenido total de P en el suelo está controlado por el material parental y el clima. En general, las zonas más húmedas son las más deficientes en este nutriente (Tisdale et al., 1993). Del contenido total de P en el suelo, sólo las fracciones inorgánicas y orgánicas solubles y lábiles están disponibles para las plantas durante el ciclo del cultivo. Las fracciones de P indicadas en la Figura 1 mantienen un equilibrio dinámico y complejo (Stewart y Sharpley, 1987). Solamente una pequeña fracción del P está en forma soluble, pero esta fracción está en equilibrio con la fracción lábil que comprende el P orgánico fácilmente mineralizable y los fosfatos débilmente adsorbidos a las arcillas. La mayor parte del P del suelo está en formas insolubles como fosfatos de calcio (Ca), hierro (Fe) y aluminio (Al), fosfatos retenidos en el humus o fijados fuertemente en las arcillas.



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