Es el planteamiento de Wilber, por el desarrollo evolutivo del hombre, investiga en las diferentes etapas de la persona desde niño, tratando de entender los conflictos internos de las personas.

Por: Pepe G

 Ken Wilber plantea el desarrollo de la conciencia humana, como un tránsito a través de estadios que representan el desarrollo evolutivo del hombre. Y describe para cada estadio, una forma característica de conciencia, una tarea del desarrollo o desafío implícito para ese nivel de conciencia, como también los impedimentos y dificultades que le son propias a cada nivel.

La descripción de Wilber, abarca desde la conciencia rudimentaria del niño, hasta los estadios y fases en que el individuo lucha por desprenderse de los obstáculos personales y sociales para unirse con la Fuente. Si el desarrollo sigue un curso normal, entonces es posible avanzar hacia el próximo estadio más complejo y sofisticado. Si no es posible lidiar con el desafío impuesto para ese nivel de conciencia entonces el sujeto presentará disfunciones.

El self debe identificarse, con la manera de experienciar propia de cada etapa, cumplir con la tarea allí implícita, y luego diferenciarse de lo allí integrado a través del proceso de desidentificación. Esto le permitiría al individuo, integrar exitosamente el nivel de desarrollo correspondiente y estar mejor preparado para integrar el estadio superior subsiguiente.

Wilber postula, que en cada estadio existiría un momento decisivo, denominado Fulcro. Este momento es una oportunidad dentro del proceso de transformación que nos permite avanzar a la siguiente etapa del desarrollo, pero si no se sobrelleva bien, también se puede desencadenar una patología en correspondencia a ese nivel.
Wilber destaca una modalidad terapéutica, apropiada para cada nivel. La especialización respondería, por un lado, al foco de trabajo en cada corriente, como a la acumulación de información y eficacia -demostrada en el tiempo- en el tratamiento específico que compete a la disfunción en cada nivel.

En este modelo jerárquico entonces, Ken Wilber entiende la psicopatología como:

“Fricciones del individuo, en su relación con los niveles de conciencia superiores (psicopatologías evolutivas o progresivas) o como fricciones con niveles inferiores en que se produjo un conflicto no resuelto (síntomas regresivos).
El tipo de alteración, producida en la transformación determina el tipo de patología. El tipo de síntomas que manifiesta esa patología, se relaciona con el modo particular que tiene el nivel de conciencia presente de decodificar, interpretar o representarse el conflicto, es decir, está determinado por su mecanismo de "traslación" (Bustos S. y Román M., 1992)

Es posible observar, que Wilber en los espectros más Transpersonales, donde no se ha investigado ni descrito en extenso, nos describe una serie de cuadros de disfunción propias, de aquellos que llevan una rutina o práctica espiritual, describiendo más acuciosamente las dificultades del camino Budista. A estas patologías las denomina metapatologías.

Wilber entrega la autoridad en el ámbito Transpersonal a los maestros espirituales, señalando que ellos serían quienes estarían, más capacitados para enfrentar apropiadamente estos cuadros transpersonales. Sin embargo, también crítica, la falta de conocimientos de psicología tradicional y psicopatología, que en ocasiones los maestros poseen, presentándose a veces el problema de prescripciones, tales como “persevera en la meditación”, que pueden ser contraindicadas para algunas personas con depresión, y esto no es posible de discriminar si no se manejan conocimientos de psicopatología.

En el ámbito psicológico y de la clínica, Wilber nos propone incorporar una nueva cautela en el establecimiento de un diagnóstico diferencial -el equívoco Pre-Trans- que consiste en las posibles confusiones del psicólogo, entre los estados expandidos y los cuadros psicopatológicos -por ejemplo, una depresión severa puede confundirse con un estado de “noche oscura del alma” donde se vive también confusión, desaliento, depresión y desesperanza o vice-versa-. Para el primer caso, puede ser necesario abandonar la práctica espiritual y someterse a una terapia tradicional, incluso pudiera ser farmacológica, y en donde el terapeuta, acompaña la revisión de disonancias o inclusive de conflictos inconscientes; y para el segundo, puede ser necesario proseguir con la práctica espiritual.

 Pir