Los divorcios cuando hay hijos de por medio, pueden tener graves consecuencias para estos. Muchas parejas, no saben que sus actos se reflejarán en las personalidades y caractéres de sus hijos, y en la mayoría de los casos son... irreversibles

Por: Jose Weig

Cada año son aproximadamente 110.000 los divorcios que se producen en nuestro país. Un divorcio cada 8 minutos, 110.000 parejas que se rompen. Si analizamos este hecho, esto puede ser consecuencia de la denominada “ley del divorcio express” que nació en el año 2.005, estando en el poder el partido socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.
Recordemos que antes de esa fecha, para pode estar divorciado había que estar separado legalmente al menos 1 año, puesto que el legislador había pensado que quizás, durante ese lapso de tiempo, la pareja podría “reconducir” sus desavenencias y reconciliarse.

Sea como fuere, el hecho es que el divorcio supone un gran trauma para muchas personas que nada tienen que ver con los problemas que surgen dentro del pareja, nos referimos a los hijos.

Éstos, sufren en propia persona el trauma que supone la ruptura de la situación familiar. Los hijos son muy vulnerables a ciertas edades, cuando aún no está forjada la personalidad, y la figura de un padre y de una madre son fundamentales en el devenir de su formación integral como personas. Supone para ellos una ruptura total con lo que siempre han conocido puesto que de buenas a primeras pasan a vivir con uno solo de sus progenitores, por lo general, la madre, quien por supuesto tiene todo el derecho del mundo a rehacer su vida de nuevo.

No obstante, es este hecho el que irrumpe con fuerza dentro de los pequeños, quienes no están acostumbrados a ver a otros hombres en el domicilio familiar. Echan en falta a la figura paterna, quien siempre estuvo allí.

Este simple hecho, puede suponer para los hijos un trauma para toda su vida.
No obstante, no es solo este hecho el que determina el comportamiento psicológico de los menores, sino que otros muchos factores pueden influir en su comportamiento futuro, como por ejemplo, el SAP, síndrome de alienación parental, que no es otra cosa que el estar constantemente oyendo por parte de uno de los progenitores cosas malas del otro. En los pequeños se forman dos contradicciones en su mente, por un lado, su madre (por poner un ejemplo) habla siempre mal de su padre (tu padre es un golfo; tu padre nos abandonó por otra, tu padre es un vago, tu padre es el culpable de nuestra situación) y el niño, que pasa la mayoría de las horas con su madre, acepta como verdaderas esas afirmaciones; por otro lado, sabe que es su padre y que le quiere, pero no puede contrariar a su madre ya que sabe que se enfadaría mucho, y eso es lo último que desea.

A la larga, estas situaciones crean en los pequeños un caos en su cabeza que les pueden convertir en adultos desequilibrados emocionalmente, ya que nunca tuvieron las cosas claras en su niñez, lo que redunda en su perjuicio.

Cuando una pareja decide divorciarse, ya sea por divorcio express, ya sea por divorcio contencioso, ha de tener en cuenta que, si tiene hijos, las consecuencias de su ruptura no las tienen porqué pagar ellos, que no tienen culpa de nada, y han de ser conscientes de que son y serán un ejemplo para sus hijos, quieran o no, porque, realmente, son insustituibles para sus hijos, y sin querer, pueden producirles años irreparables de por vida.


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