El ruiseñor («Luscinia megarhmda luscinia») es un pájaro emigrante, insectívoro, de dieciséis centímetros de longitud en total, de los cuales siete centímetros corresponden a la cola. La parte superior del cuerpo es de color marrón rojizo.

Por: Pepe G

 Vamos a comenzar por ese prodigio canoro que es el ruiseñor, rescatando un escrito realizado por el gran maestro de la ornitología que fue D. Antonio Drove, y otro día hablaremos de la familia de los fringílidos que son los que compiten en concursos de canto: el jilguero, el verderón y el pardillo.

El ruiseñor está considerado como el rey de los pájaros cantores. Es, por méritos propios, el pájaro que más ha sido cantado por poetas y escritores de todos los tiempos. La Naturaleza dotó al ruiseñor de unas cualidades excepcionales en sus órganos de canto, que le permite emitir sus variadas frases líricas, de amplia tesitura, con un poderoso volumen de voz que hacen que sea el cantor por excelencia de los bosques, vegas y jardines.

El ruiseñor («Luscinia megarhmda luscinia») es un pájaro emigrante, insectívoro, de dieciséis centímetros de longitud en total, de los cuales siete centímetros corresponden a la cola. La parte superior del cuerpo es de color marrón rojizo, bastante uniforme desde el nacimiento del pico al final de la cola. La parte inferior es de color ceniciento, con matizado más blanco en el mentón, vientre y debajo de las alas, quedando únicamente coloreado de marrón rojizo la parte no cubierta de la cola por la parte inferior. El plumaje del macho y de la hembra es igual, salvo que el del macho posee un matiz levemente más rojizo, más tostado o más brillante.

El ruiseñor llega a nuestra Península en abril, y suele volver, año tras año, al lugar donde ha criado por primera vez. Los machos son los primeros que hacen acto de presencia en los lugares donde han de criar, y donde saben imponer su autoridad, no permitiendo que otro macho ocupe su zona tradicional de dominio.

Repartidos y acomodados por fin en sus respectivos territorios, los machos demuestran su vigor lanzando a los cuatro vientos sus potentes voces. Parece como si pretendiesen superarse para que sus frases líricas alcancen mayor distancia. En realidad, es su ardiente celo amoroso el que con sus cantos lanzan al aire, esperando ser reconocido en lontananza por su hembra que pronto ha de llegar o de la novia que han de conquistar, en el caso de los jóvenes.

A los ocho días, aproximadamente, aparecen las hembras. Los machos más adultos se emparejan con su compañera de temporadas pasadas, y los jóvenes impetuosos que por primera vez van a casarse, se ven asediados por las jóvenes hembras reclamadas por ardiente celo y de las cuales una de ellas ha de ser su fiel pareja para el futuro.

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