El magnesio ha sido desde siempre olvidado frente a otros nutrientes o vitaminas como el calcio, hierro, vitamina C, etc. Sin embargo, juega un papel fundamental para el organismo humano. Es preocupante la tendencia a reducir su consumo en la alimentación moderna.

Por: Corinne Audu



El magnesio, el segundo catión intracelular más importante del organismo, se ha mantenido largo tiempo en el olvido, negándole su merecido lugar. Es un mineral preponderante tanto en la superficie de la tierra como en los océanos y es uno de los más importantes del cuerpo humano. Hoy en día, el papel fundamental etiológico y fisiopatológico del magnesio en numerosas enfermedades está más que demostrado, ocupando una función vital en el organismo humano.

El 99% del magnesio corporal total se encuentra en el compartimiento intracelular, de los cuales el 60% está localizado en el hueso, pero no es del todo intercambiable con el medio extracelular ya que forma parte del complejo mineral hidroxiapatita, almacenamiento de magnesio en caso de deficiencia, que declina de forma significativa a medida que envejece el individuo; otro 20% está en el músculo, corazón sobretodo, y el resto en tejidos blandos como hígado, cerebro, riñones, piel, etc. Solo el 1% del magnesio corporal total se encuentra en el compartimiento extracelular, repartido en el plasma y los glóbulos rojos, de tal manera que la concentración de magnesio en sangre es estable. Un 60% está libre en forma ionizada, un 30% aproximadamente está ligado a proteínas, especialmente albumina, y el 10% restante forma complejos solubles con sales de citrato, fosfato, oxalato y otros aniones.

El magnesio ionizado es él que tiene acción fisiológica. Los riñones y el intestino son los órganos más importantes en la regulación del magnesio ya que la homeostasis del magnesio depende del balance entre su absorción intestinal y su excreción renal.

Más de 300 enzimas así como agentes químicos corporales son activados por el magnesio, especialmente en reacciones donde interviene el ATP; actúa como cofactor de numerosas enzimas involucradas en el metabolismo de la energía, síntesis de proteínas, síntesis de ácidos nucleícos RNA y DNA, mantenimiento de la estabilidad eléctrica de las células, mantenimiento de la integridad de las membranas, la contracción muscular, la conducción nerviosa, y la regulación del tono vascular entre otras funciones. Además para funcionar de manera óptima, el magnesio debe de estar en equilibrio con el calcio, el fósforo, el potasio y el cloruro de sodio. El magnesio regula la absorción de calcio, en cada músculo de nuestro cuerpo; calcio y magnesio disfrutan de una relación recíproca y complementaria, sus acciones a veces se inhiben, a veces se conjugan. Un exceso de calcio suele originar los signos típicos de deficiencia de magnesio ya que provoca una excreción del mismo. La integridad está respetada si además de la dosis adecuada de magnesio, el ratio calcio/fósforo y el potasio son aportados en medidas correctas. El magnesio es pues una “llave de paso” de los oligoelementos. Es el bloqueador del canal fisiológico del calcio porque aparece como regulador del flujo intracelular del ion calcio. Al ser fijador del calcio en el organismo, forma parte del complejo calcio-fosforo-vitamina D. Tiene también un papel importante en la regulación del flujo de potasio, de tal manera que una pérdida de magnesio conlleva un déficit de potasio tanto celular como extracelular y potencia los efectos de una dieta pobre en potasio. El magnesio es pues un modulador del sistema de transporte de los iones sodio y potasio en numerosos tejidos. En consecuencia, un cambio en los niveles de magnesio induce cambios en los niveles de iones celulares que a su vez están implicados en varios sistemas hormonales. El magnesio está pues implicado en cada proceso biológico mayor, y su déficit puede ser la causa de múltiples trastornos, dolencias y enfermedades. Es elemento estructural y catalítico con fundamental incidencia fisiológica en el organismo humano. Necesario para la integridad anatómica y funcional de varios orgánulos sub celulares, participa en todos los grandes procesos metabólicos, tanto los implicados en carbohidratos, lípidos y proteínas, como en reacciones de oxido-reducción. Está involucrado en la regulación de los niveles de los iones, manteniendo el nivel de potasio celular y actuando sobre el metabolismo del calcio-fósforo-vitamina D. Integrado en los procesos de defensa, tiene diferentes efectos: anti-estrés, anti-alérgico, anti-anafiláctico, anti-inflamatorio, anti-radiación. Participa en la termorregulación, estimula la fagocitosis y la formación de anticuerpos, complementos y elementos del sistema de la properdina. Presente en la mayoría de los tejidos, es activo en numerosos sistemas, no solo neuro-muscular, osteo-articular y dental, sino también respiratorio, endocrino, reproductivo, digestivo, hepático, pancreático, renal, cardiovascular, y hematológico.


Sin embargo, en los países desarrollados, el aporte de magnesio de la dieta parece insuficiente en la mayoría de los casos, más todavía si nos centramos en condiciones fisiológicas especiales como embarazo, lactancia, ejercicio moderado, crecimiento, dietas de adelgazamiento, terapias diuréticas, enfermedades, estrés, lucha contra el frio o el calor etc. El equilibrio del magnesio del suelo, y en consecuencia de los vegetales y animales está perturbado. Tanto las técnicas agrarias empleadas como los procedimientos de refinado así como los procedimientos de almacenamiento y conservación, disminuyen considerablemente la tasa de magnesio de los alimentos. Finalmente, la preparación de los alimentos (el agua hirviendo destruye gran parte del magnesio) así como costumbres alimenticias mal equilibradas (alimentación rica en proteínas, grasas, azúcares, poca fruta y verdura cruda, consumo de té, café, alcohol, tabaco) ejercen una influencia desfavorable en la asimilación o absorción del magnesio. Debemos pues intentar corregir esa carencia, enriqueciendo la dieta con magnesio. Un régimen que privilegia frutas, verduras, cereales, productos lácteos enteros, mariscos, carnes magras en gran diversidad a expensas de una alimentación rápida, poco variada, rica en grasas y azúcares, puede asegurar las necesidades biológicas en magnesio. El aporte de magnesio hídrico es muy importante: por una parte, por consumo directo, ya que se absorbe y utiliza rápidamente (biodisponibilidad alta), indirectamente por sus efectos sobre las tasas de magnesio de los alimentos cocidos en ella. Por regla general, las aguas duras contienen mas magnesio que las blandas; es importante no reducir por filtros el aporte mineral del agua del grifo (que de por si es pobre en magnesio), destinada a beber y cocinar. En ausencia de agua con suficiente aporte de magnesio, se debe utilizar agua embotellada, magnésica con al menos 30 mg/l de magnesio.


Ante cualquier intervención quirúrgica, quimioterapia, radioterapia, toxicidad ambiental, estrés, impactos emocionales, el magnesio se pierde rápidamente, lo que se traduce en fatiga, anorexia, irritabilidad, insomnio, depresión, espasmofilia, temblores, tetania, apatía, confusión metal, pérdida de memoria, menor rendimiento intelectual y físico, en resumen los males propios de la civilización moderna. Cada vez, se asocia más esa carencia con la disminución del umbral de resistencia a las agresiones microbianas, el aumento de sensibilidad a alergias y gripes, incluso el aumento de diferentes cánceres. El aporte suficiente de magnesio a través de una dieta equilibrada puede paliar muchos trastornos de poca importancia, y evitar su transformación en patología crónica, más difícil de abordar.



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