Se introduce el término de metapatologías específicas, para los niveles transpersonales. Esta se consideraría progresiva y la regresiva sería de carácter patológico.

Por: Pepe G

 El fenómeno de crisis espirituales y la creación del término Emergencia Espiritual (E.E.), se planteó a partir del trabajo de Stanislav y Christina Grof (1989) y de David Lukoff (1998) en el tema de los problemas y emergencias espirituales, se logró integrar una nueva categoría en el DSM IV de la American Psychiatry Association (1993) con el fin de que los profesionales de la salud, pudiesen no someter a diagnósticos psicopatológicos, a sujetos que no padecían una patología psiquiátrica, pero si una crisis psicoespiritual.

Dos son los modelos jerárquicos del desarrollo de la conciencia. En dichos modelos, Ken Wilber (1989) y John E. Nelson (1996), representan los niveles de conciencia, en diferentes estadios e incluyen los niveles transpersonales, ampliando el concepto de estados, no ordinarios de conciencia y ubicándolos como estadios superiores de desarrollo, a los que pueden acceder los individuos. En este sentido, introducen el término de metapatologías específicas, para los niveles transpersonales y especifican la diferencia, entre una experiencia transpersonal (emergencia espiritual) potencialmente progresiva en el desarrollo y otra regresiva y de carácter patológico.

Ken Wilber y John Nelson (éste último influenciado por el primero) entienden que cada nivel superior, debe incluir los niveles inferiores de la conciencia y que en el desarrollo es necesario pasar de un nivel a otro, lo que no siempre se logra exitosamente. En este sentido Wilber (1989) introduce un nuevo término -“el equívoco pre-trans”- como una llamada de atención, para quienes trabajan en la línea transpersonal. Este término es acuñado, con el fin de poder distinguir, si el sujeto está en un nivel de conciencia ampliada o más bien está psicológicamente operando desde un nivel inferior. Nelson se adhiere a este concepto, como también al de los niveles de conciencia y facilita al lector o al terapeuta la comprensión de un modelo jerárquico e integrativo, por el uso de un lenguaje más sencillo que Wilber.

En esta ocasión se dejará de lado, el modelo del eneagrama, sistema creado por Oscar Ichazo (Naranjo, C. 1994), que dentro del ámbito de la psicología transpersonal, ha significado un gran aporte, no sólo al tema diagnóstico sino también al autodescubrimiento. Sin embargo, no quise dejar de mencionarlo dado que es un sistema transpersonal muy útil, pero complejo para el que no está entrenado (Celis A. 2003). A. H. Almaas y el psiquiatra chileno, Claudio Naranjo han contribuido a difundir el eneagrama amplia y profundamente. Naranjo ha establecido paralelos, con descripciones psicopatológicas comunes, que tal vez el lector quiera explorar y profundizar en su libro de Neurosis y Carácter una visión integrativa (1994)


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