Como hijos de un siglo atiborrado de ilusiones y teorías redentoras, Tocqueville y Weber plantean a contrapelo un panorama sombrío para la autonomía individual, invitándonos a pensar que la se producirá una gran masa desorganizada y destructurada de individuos furibundos. @font-face { font-family: "MS 明朝"; }@font-face { font-family: "MS 明朝"; }@font-face { font-family: "Cambria"; }p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 0.0001pt; font-size: 10pt; font-family: "Times New Roman"; }span.MsoFootnoteReference { vertical-align: super; }p.MsoBodyTextIndent3, li.MsoBodyTextIndent3, div.MsoBodyTextIndent3 { margin: 0cm 0cm 0.0001pt 35.4pt; text-align: justify; line-height: 150%; font-size: 12pt; font-family: "Times New Roman"; }span.Sangra3detdecuerpoCar { font-family: "Times New Roman"; }.MsoChpDefault { font-size: 10pt; font-family: Cambria; }div.WordSection1 { page: WordSection1; }

Insisten en que la aparición de la sociedad de masas puede conducir a la extinción de la libertad individual. Ambos son profetas de unas sociedades de masas, pero mientras para Tocqueville con el “asociacionismo” de la sociedad civil se puede para corregir el individualismo abstencionista de las democracias sociales y, de este modo, salvar la independencia y dignidad personal; para Weber, como un pensador trágico y desencantado, asume que la burocracia al expandirse ahogará la autonomía y sólo si surgen líderes carismáticos podrá existir un sociedad con una verdadera dirección política.

Tanto Tocqueville como Weber relacionan el ideal y la cultura, la historia y la sociedad. Tocqueville vislumbra una sociedad comercial y Weber una industrial y  muestran dos patologías que carcomen a la sociedad moderna: un individualismo abstencionista que aleja al ciudadano de los asuntos públicos y una burocracia que, con base en su eficacia, destruye lo auténticamente valioso de la vida humana.

Cuando aparece la obra de Weber se produce una relectura de la segunda Démocratie, pero analíticamente es Dorrint Freund quien ha investigado los puntos comunes entre ambos autores y ha destacado que reflexionan con unas contradicciones que sin resolverlas asumen que las sociedades modernas tienden a ahogar la autonomía individual. En nuestra investigación hemos constatado que en el corazón de la modernidad reside un individualismo que se contrapone a una concepción organicista: si, por una parte la revolución copernicana de Kant sitúa al individuo en el centro de la construcción de la realidad histórica y social, por otra la modernidad tiende a identificarse con el ejercicio de control, con la mediación planificadora y la confrontación de la naturaleza con la intervención social.

Tocqueville es un aristócrata que analiza el fenómeno democrático y su vigencia intelectual es indudable en cuanto que en la actualidad parece existir el consenso generalizado que ser demócratas no es simplemente una forma de administración política sino una forma de entender una vida humana digna. Las tendencias que prevé de las democracias sociales continúan vigentes en nuestro días. Aunque James Bryce considera que es demasiado emotivo en su tratamiento de las consecuencias de la democracia y ya en la década de 1830 las democracias existentes no tenían esa fuerza arrolladora y amenazadora que tan tenazmente nos plantea, no deja de ser evidente que el proceso de democratización social y político ocupa un papel primordial en cualquier análisis político de las sociedades occidentales.

 El fin esencial de su reflexión teórica, que coincide con sus intereses políticos, es esclarecer el espacio para la independencia y dignidad personal en las democracias sociales, destapando la existencia de un nuevo despotismo, dulce y dúctil, que actúa directamente sobre los “hábitos del corazón”.

Para superar este nuevo despotismo reivindica el zoom politikon, planteando la siguiente ecuación: en cuanto menos participación más sometimiento. Su reflexión política se asienta en una tensión: cree que los individuos deben constituir procesos de interdependencia, pero está convencido de que el propósito más elevado de una sociedad es la existencia de la independencia y dignidad personal. Piensa que es en las sociedades democráticas ¾dominadas por la incesante búsqueda del bienestar material¾ donde la libertad intelectual y la independencia personal corren un mayor peligro. Aunque, en la Démocratie de 1835 analiza el despotismo político que proviene de la omnipotencia de la mayoría, su principal descubrimiento, en la Démocratie de 1840, es el despotismo administrativo. Este despotismo administrativo ¾compañero fiel e inseparable del Estado centralizado¾ es dúctil y silencioso porque al incidir en la independencia personal construye un determinado tipo de ser humano. Finalmente, sostiene que fomentando los mecanismos de interdependencia entre los ciudadanos e instituyendo la pluralidad de poderes se pueden constituir sociedades liberales en las democracias sociales. En definitiva, piensa que la libertad ilimitada es más favorable al progreso que la libertad limitada, y por ello entiende que en Francia son las instituciones políticas las que deben modelar los moeurs, a diferencia de Norteamérica, donde son los moeurs libres los que han creado instituciones libres.

El pensamiento de Weber es una referencia recurrente en el estudio de la sociedad moderna, ya que como un autor transversal transita por diferentes disciplinas: la sociología, la política, la economía, la religión y la filosofía. Su pensamiento político, como unidad, esta condicionado por su consideración sobre la situación específica de su país, mientras como científico social pretende delimitar objetivamente el alcance de sus estudios. Pretende abandonar la postura de un juez y optar por la de un médico, que esculca en busca de continuidades o rupturas. Su tesis fundamental es que las sociedades modernas se definen por la racionalización-desencanto y, a su vez, que no hay posibilidad de resolver satisfactoriamente esta dualidad (como dijo Goethe, “el diablo está vivo, así podremos comprenderlo”). El carisma ¾ligado al individuo, al gran individuo¾ puede subvertir el orden establecido, pero acaba haciéndose rutina y, finalmente, racionalizando-desencantando el mundo que ha creado. En la historia moderna esta declinación del carisma es fruto de la hipertrofia organizacional, de la burocratización de la cultura y la vida. Sostenemos la tesis que son las condiciones específicas de su país las que le conducen a reclamar la necesidad del carisma y consideramos que no hay una filiación entre su pensamiento y determinadas teorías que reclaman la irracionalidad carismática, en cuanto que la esencia de la personalidad en Weber se constituye a través de la racionalidad. Como para Weber la ciencia, ajustándose a su fin, no puede proporcionar valores para la vida cotidiana o la práctica política, solo los verdaderos políticos, que por su sola existencia concedan autoridad al poder, pueden romper las tendencias colonizadoras de la burocracia moderna. La burocracia ha traspasado sus límites, colonizando todos los ámbitos que no le corresponden y sólo frenándola se puede constituir una vida auténticamente humana.

Tocqueville y Weber piensan que el socialismo ofrece peores condiciones para conservar a la sociedad libre. Tocqueville es un profeta cuando augura, en la década de 1830, el futuro reparto del planeta entre rusos y norteamericanos.

 

“Hay en la tierra dos grandes pueblos que, habiendo partido de puntos distintos, parecen avanzar hacia el mismo fin: rusos y anglo-americanos.

Los dos han nacido en la oscuridad, y mientras que las miradas de los hombres se ocupaban de otros lugares, ellos han situado de golpe en el primer puesto entre las naciones, habiendo sabido el mundo al mismo tiempo de su nacimiento y de su grandeza. Todos los demás pueblos parecen haber alcanzado los límites impuestos por la naturaleza y no tener nada más que conservar; pero ellos siguen creciendo.”

 

Para Weber el socialismo ofrece peores condiciones para conservar una sociedad libre en una época dominada por la burocratización