La Ciudad Que Nunca Duerme

Nueva York es, cómo bien dijo Frank Sinatra, la ciudad que nunca duerme. ¿Y que hace tanto tiempo despierta?

José Iglesias
José Iglesias
28 de septiembre · 451 palabras.
Aunque Nueva York es la ciudad que nunca duerme, ha soñado mucho. Su cultura es extraordinaria, diversa, y evoluciona continuamente.

Nueva York acoge la individualidad y la libertad, e inspira aquellos que vivan ahí a ser independientes. Es una cultura que ha llegado a tener un significado mundial cómo un modelo único que ha resultado en una población de gente lista, autosuficiente y resistente.

Aquellos que siguen su corazón en sus pensamientos y acciones – esos son neoyorquinos. Esto incluye una amplia gama de formas de vida y atributos que hacen que los ciudadanos sean muy diferentes a los de otras sitios. La cultura está representada en la moda, el estilo, la arquitectura y una variedad de cocina y ocio sin igual. La vida nocturna es uno de los segmentos de la cultura neoyorquina que más ha influido en el avance de esta gran ciudad.

Los festivales y las celebraciones también hacen un papel importante, con la celebración más importante siendo las Navidades – y es que diciembre mejora la unidad espiritual y urbana entre los residentes. Su apogeo, nada menos que la enorme celebración de Times Square (sólo 15 minutos a pata del Empire State Building), integra todos los elementos de Nueva York en una fiesta reconocida por todo el mundo.

La fusión de arte, moda, libertad, tecnología y tradición es considerable en la cultura de este sitio. Cada aspecto le da otro toque de gracia, y empuja las costumbres locales a ser seguidas y preciadas por futuras generaciones. Pero lo que no hay que perder de vista es que es la gente que improvisa, reinventa y contribuye a su cultura por el proceso de evolución – de actitudes, costumbres y estilos – siempre de una forma orgánica.

Los pensamientos y las emociones conservadoras nunca ha sido parte de la personalidad de esta ciudad – esta sociedad siempre ha favorecido las ideas liberales. Este es un aspecto de Nueva York que de verdad le marca cómo diferente – la dignidad de esta cultura está en el espíritu de sus ciudadanos, y no está confinado a su patrimonio.

Los trabajadores de neoyorquinos que se meten en rascacielos y se ponen ropa de diseño se llaman la “generación Porsche”. Esto ha disminuido un poco entre 911, los problemas económicos y el huracán Sandy…pero cómo es propio de su forma de ser, los neoyorquinos siguen adelante, reconstruyendo y reinventando, con gran tenacidad. No cabe duda que Nueva York seguirá creciendo como ciudad, y con ella, su cultura también crecerá.

José Iglesias ha viajado a Nueva York, aunque nunca llegó a ver la estatua de la libertad, cosa que ahora le da bastante rabia.

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