Reciclado de Excrementos en la Antiguedad

En verano, los residuos se secaban y mezclaban con la arena del pavimento; en invierno, las lluvias levantaban los empedrados, diluían los desperdicios convirtiendo las calles en lodazales y arrastraban los residuos blandos los sumideros que desembocaban en el Manzanares.

Pepe G
Pepe G
22 de octubre · 410 palabras.
¬†Todo se reciclaba. Hab√≠a gente dedicada a recoger los excrementos de los pozos negros para venderlos como esti√©rcol. Los tintoreros guardaban en grandes tinajas la orina, que despu√©s usaban para lavar pieles y blanquear telas. Los huesos se trituraban para hacer abono. Lo que no se reciclaba quedaba en la calle, porque los servicios p√ļblicos de higiene no exist√≠an o eran insuficientes.

En las ciudades, las tareas de limpieza se limitaban a las v√≠as principales, como las que recorr√≠an los peregrinos y las carrozas de grandes personajes que iban a ver al Papa en la Roma del siglo XVII, habitualmente muy sucia. Las autoridades contrataban a criadores de cerdos, para que sus animales, como buenos omn√≠voros, hicieran desaparecer los restos de los mercados y plazas p√ļblicas, o bien se encomendaban a la lluvia, que de tanto en tanto se encargaba arrastrar los desperdicios.

En verano, los residuos se secaban y mezclaban con la arena del pavimento; en invierno, las lluvias levantaban los empedrados, diluían los desperdicios convirtiendo las calles en lodazales y arrastraban los residuos blandos los sumideros que desembocaban en el Manzanares, destino final de todos los desechos humanos y animales.

Y si las ciudades estaban sucias, las personas no estaban mucho mejor. La higiene corporal tambi√©n retrocedi√≥ a partir del Renacimiento debido a una percepci√≥n m√°s puritana del cuerpo, que se consideraba tab√ļ, y a la aparici√≥n de enfermedades como la s√≠filis o la peste, que se propagaban sin que ning√ļn cient√≠fico pudiera explicar la causa.

Los m√©dicos del siglo XVI cre√≠an que el agua, sobre todo caliente, debilitaba los √≥rganos y dejaba el cuerpo expuesto a los aires malsanos, y que si penetraba a trav√©s de los poros pod√≠a transmitir todo tipo de males. Incluso empez√≥ a difundirse la idea de que una capa de suciedad proteg√≠a contra las enfermedades y que, por lo tanto, el aseo personal deb√≠a realizarse ‚Äúen seco‚ÄĚ, s√≥lo con una toalla limpia para frotar las partes visibles del organismo.

Un texto difundido en Basilea en el siglo XVII recomendaba que ‚Äúlos ni√Īos se limpiaran el rostro y los ojos con un trapo blanco, lo que quita la mugre y deja a la tez y al color toda su naturalidad. Lavarse con agua es perjudicial a la vista, provoca males de dientes y catarros, empalidece el rostro y lo hace m√°s sensible al fr√≠o en invierno y a la resecaci√≥n en verano.

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