Rosa Prohíbida

Con frecuencia nos empeñamos en mirar las rosas y ver solamente aquéllo que nuestros ojos quieren ver. Insistimos en elegirlas mirándolas desde arriba, o desde abajo. Nunca de frente. ¿Por qué la objetividad se nos nubla?

Maria Canovas
Maria Canovas
16 de junio · 621 palabras.

Solemos juzgar a las personas observando los pétalos, lo exótico, el brillo, los colores, lo hermoso de la flor... Sabemos perfectamente que debajo están las espinas y que van inseparablemente unido a lo anterior. Pero lo obviamos.

Nos dejamos llevar, permitiéndonos a nosotros mismos el lujo, ¡¡ una vez más!!, de que el resplandor de los pétalos oculte los pinchos. No lo vemos, o más bien, simplemente… No lo queremos ver. Nos esforzamos en acallar esa voz que no nos interesa oír.

Porque algo nos dice que no debemos. En el fondo, sabemos que esa persona no es para nosotros, sabemos lo que hay detrás de ese efímero encanto, y que no será otra cosa, más que los punzones sobre los que todo el mundo nos advierte, preveniéndonos con dosis de realidad... pero que somos reacios a apreciar.

Y ello, porque para nosotros las espinas se ocultan tras ese cautivador aroma… aroma seductor como él solo, y viejo conocido ya, vencedor absoluto en todas las batallas libradas contra la sensatez, y sustituto perfecto de cualquier aviso que nos contraríe.

Quiz√°s sencillamente aceptamos que la herida llegar√° y que nos pasar√°n facturas esos indicios acallados‚Ķ Pero a√ļn as√≠ arriesgamos, porque el que no apuesta no gana, ¬Ņno se√Īores?

A la inversa, pero siguiendo el mismo patr√≥n, tambi√©n pecamos de considerar, valorar a otras personas, desde la perspectiva opuesta. En esta ocasi√≥n, esas primeras espinas, mucho m√°s d√©biles y erosionadas que nos encontramos, nos impiden alcanzar lo que hay en el fondo. Un fondo mucho m√°s noble y valioso que cualquier otro destello pasajero... Pero cuyas espinas¬†si bien no da√Īar√°n, nos disuaden ni siquiera de intentarlo.

Quién tenga el Don de alejar al fantasma de moto reluciente y sonrisa perfecta, ese embacaudor atractivo y deslumbrante, que como si se tratara de un imán te atrapa, pero al mismo tiempo te repele... Fantasma con apariencia de hoja perenne;

Espantarlo a √©ste, eligiendo en su lugar a aqu√©l que realmente conservar√° su esencia, quien ostente este don, que explique el camino a seguir, porque creo que ni soy, ni ser√© la √ļltima en elegir la rosa menos adecuada del jard√≠n.


Si bien, acostumbramos a quejarnos y martirizamos... Pero ya lo sabíamos, y con antelación. Nunca nos fue un secreto el tallo de espinas al que nos enfrentábamos, y como una y otra vez, nos dicen y repiten, intentamos convencernos y no volver a ese seductor abismo…
pero, ¬Ņqu√© ser√≠a de nosotros sin esa flor de sabor amargo?

Intentar√©, la pr√≥xima vez que cuide los rosales, escoger una flor menos tortuosa‚Ķ por muy dulce que pudiera resultarme esa tortura... pero no prometo nada‚Ķ puesto que frente a esos desafortunados reveses de la pasi√≥n, ‚Äúdespu√©s de todo, ma√Īana ser√° otro d√≠a.‚ÄĚ

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