La Televisión de Señal Abierta en la Configuración de las Identidades Culturales en Lima-perú

En los últimos años, los medios de comunicación masiva jugaron un papel importante en la configuración de la sociedad nacional, medios como la radio o la televisión permitieron la intercomunicación de todos los rincones del país haciendo llegar a todos los peruanos un mismo mensaje dominado por los

Efrain Nuñez Huallpayunca
Efrain Nuñez Huallpayunca
28 de October · 3939 palabras.
La televisión de señal abierta en la configuración de las identidades culturales en Lima-Perú

1. DESCRIPCIÓN DE LA REALIDAD (Lima – Perú)

En los últimos años, los medios de comunicación masiva jugaron un papel importante en la configuración de la sociedad nacional, medios como la radio o la televisión permitieron la intercomunicación de todos los rincones del país haciendo llegar a todos los peruanos un mismo mensaje dominado por los intereses de la época.

La televisión de señal abierta, es decir, los canales 2, 4, 5, 7, 9, 11 y 13 (que pertenecen a la frecuencia VHF) fueron paulatinamente perdiendo autonomía con relación al contexto dominante, lo que los llevó a caer en sumisión al régimen por la fuerza o sin ella. Esta situación produjo un cambio inédito en el desarrollo de la televisión masiva y especialmente en la televisión cultural tímidamente mantenida en alguna programación; así la televisión fue convertida en un instrumento de manipulación directamente vinculada a los servicios de inteligencia del estado desde los cuales se propalaban directivas y temas a tratar en la televisión y, cuya finalidad, era crear un entorno propicio para el desenvolvimiento del poder autoritario, aminorando conciente o inconscientemente todo tipo de movimiento social basado en gremios o símbolos comunes de agrupación.

La televisión de señal abierta se vio abarrotada de espacios televisivos catalogados como de entretenimiento, categoría que agrupa a las telenovelas, talk shows, películas, entre otros, dejado de lado los programas informativos y, muy por debajo de estos, los programas de orientación o, culturales, cuya existencia se redujo a programas tipo concurso. Frente a esta situación la televisión cultural fue arrinconada a la señal de cable (el canal 14 por excelencia) lo que impidió que la gran mayoría de personas tuvieran acceso a este tipo de programación reduciéndose el auditorio a los grupos selectos que lo poseían.

Los televidentes por su parte, es decir, aquellos que de una u otra forma ven televisión (teniendo o sin tener un aparato receptor, pues de una u otra han recibido la influencia de la televisión) y que representan la casi totalidad de la población en Lima metropolitana, fueron sumamente individualizados insensiblemente ante las propuestas (muy escasas por cierto) de televisión cultural y adictos a lo que los investigadores llamaron “tele basura”. Ese televidente no ejercía ninguna forma de presión, ningún mecanismo de dialogo con los medios lo que decayó en una suerte de comunicación desde arriba, unilateral, asumiendo un rol pasivo y de consumidor.

Con la caída del régimen de Alberto Fujimori: 1990 – 2000, y el advenimiento de la democracia, la televisión empezó a salir de su aletargamiento para insertarse en el nuevo contexto de la vida nacional, es así que vemos resurgir programas periodísticos objetivos y de investigación que logran informar y/o fomentar una conciencia cívica en los televidentes; sin embargo, no se han introducido en la televisión de señal abierta programas culturales (salvo el caso obvio del canal del estado) ya sea por su escasa receptividad o por la falta de modelos alternativos en la programación actual.

En un contexto de globalización de la comunicación y el surgimiento de nuevas tecnologías de la información, la televisión como el medio masivo de comunicación por excelencia, se ha instalado en el centro mismo de las primeras instancias de socialización como la escuela o la familia, y las ha ido desplazando paulatinamente, así tanto niños como adultos se ven inmersos en un tipo de mensaje que omite las identidades culturales locales, desplazadas por un tipo ideal extranjero presente en los “enlatados” y en la inmensa programación cada vez más extranjerizante y alienante. En un contexto de globalización, la apertura a nuevas culturas y la entrada de las mismas en el imaginario colectivo es prácticamente inevitable; sin embargo, se han registrado esfuerzos por hacer una televisión más diversificada donde se regulan las programaciones y capitales extranjeros.

De cualquier manera y aduciendo razones comerciables, la programación nacional se ve más reducida, ya sea por su falta de creatividad o por razones de costos de producción, al canal del estado cuya programación, sin embargo, tiene bajos de consumo; por otro, lado la proliferación de telenovelas y enlatados es cada vez mayor, y es justamente aquí donde se registra los niveles más altos de audiencia, seguidos luego por los programas noticiosos.

En este panorama se presenta un televidente cuyo consumo es primordial del segmento de “entretenimiento” y cuya participación en la televisión se mide según su aceptación de algunos programas, pero que en general esta excluido de todas las instancias a tener algún rol regulador de la televisión (iniciativa propuesta por la Veeduría Ciudadana).

2. DEFINICIÓN DEL PROBLEMA

En el desarrollo de las sociedades es cada vez más estrecha la relación que existe entre los medios de comunicación y la formación de las culturas en la sociedad. Los medios de comunicación en masas por su influencia, en los deseos, necesidades y conductas de la gente, juegan un rol cultural continuo: facilitar la información objetiva sobre las diferentes tenencias culturales en los diversos países sin dañar la identidad cultural de las naciones.

La televisión, como el medio de masas más importante, por su distribución y por su naturaleza audiovisual tiene un papel fundamental en la configuración de la visión del mundo de los televidente y, por ende, en la configuración de sus identidades culturales por la cual es necesario que estos medios incluyan programas que respondan a la diversidad de culturas presentes en nuestro país para tener ciudadanos concientes de su diversidad. La propagación cultural ha sido dejada de lado en los más importantes canales de televisión debido a su escaso consumo que degenera en la falta de implementación de estos.

En el país han sido escasos los intentos de difundir programas de corte cultural, por el contrario, han sido dejados de lado y suplantados por programas de “entretenimiento” los cuales abarcan la casi totalidad de la programación en la televisión de señal abierta.

Por lo tanto, cabe hacerse las siguientes interrogantes ¿Por qué no se transmiten programas culturales en la televisión de señal abierta?, lo que nos lleva al problema del consumo y la comercialización de los mismos, esto nos permite formular la pregunta principal ¿Por qué no son consumidos los programas de corte cultural?, además nos preguntamos ¿A qué tipo de consumidor responde la programación en la televisión de señal abierta? ¿Con qué criterios deben satisfacerse las necesidades culturales? Estas son cuestiones que tal vez pueden ser investigadas.

El Perú, país de cholos, indios, criollos, mestizos, chinos, etc., constituye su identidad en la fragmentación. El Perú es producto de muchas identidades regidas por un ojo mediático que vigila y establece normas de carácter simbólico y sus respectivas interiorizaciones en el aprendizaje social. ¿Cómo entonces establecer una identidad? La unificación y el consenso deben partir de una base simbólica. La educación debe abordar el conocimiento de lo que somos y no de las ideologías creadas para excluir y lograr determinados fines, sino del conocimiento de nuestra historia como parámetro para identificarnos como individuos, como colectividad, como región y, finalmente, como nación.

3. BOSQUEJO DE LA HISTORIA DE LA TELEVISIÓN PERUANA

La primera señal de televisión fue emitida en Inglaterra en 1936 y fue a partir de los años ´50 que fue expandiéndose por Latinoamérica. En 1954 durante el gobierno del presidente Manuel Odría se realizó en el Perú la primera transmisión de televisión a cargo del Ing. Alfonso Pereira, de allí en adelante se inició la carrera televisiva. El gobierno de turno pese a que no le dio la importancia correspondiente, concibió a la televisión como un monopolio del Estado, pero fue por presión de las empresas privadas que el nacimiento de la televisión tuvo la suficiente libertad para no depender de él.

La televisión en el Perú surge asociada a las empresas de radiodifusión y fue recién en mayo de 1957 que se otorgaron las primeras licencias quedando el espectro distribuido de la siguiente manera: Radio América, Canal 4; Radio El Sol, Canal 9; Radio Panamericana, canal 13; además se reservaron dos canales para el Estado: Canal 7 a cargo del Ministerio de Educación y Canal 5 a cargo del poder ejecutivo. Después de un año y medio se conceden las licencias a Radio Victoria, Canal 2 y canal 11 para Radio Excelsior, y esto es lo que actualmente constituye la televisión de señal abierta.

En las primeras décadas de la televisión, el Estado tuvo un rol caracterizado por la defensa de los intereses de la propiedad privada, posteriormente en 1968, el gobierno del general Velasco Alvarado impuso una política de expropiaciones, recorta la inversión publicitaria de las empresas privadas y propone el 60% de la teleducación en la televisión de la época, además durante ese gobierno se da la ley de telecomunicaciones.

En 1980 se reestablece la democracia y el presidente Belaúnde Terry devuelve los medios de comunicación a sus antiguos dueños, es en este periodo que modernizan la infraestructura de los medios de televisión y se extiende la inversión publicitaria. Hasta 1990 no hubo una política explicita para los medios de comunicación, al llegar Alberto Fujimori el gobierno encontró en vigencia en materia de comunicaciones las normas legales estatistas anteriores, en especial el D.L. 19020 “Ley General de Telecomunicaciones” de 1971. En este periodo en relación a la televisión su comportamiento estuvo orientado a abrir el espacio de la comunicación al capital privado extranjero y también la publicidad antes rígidamente normada; en general, se buscó dos cosas: sentar el soporte jurídico y privado para la privatización y liberalización de las comunicaciones y estimular a la inversión privada asignándosele al Estado un mero papel regulador expresado en la creación, por ejemplo, del Consejo Nacional de Supervisión de la Publicidad (CONASUP). En el segundo periodo presidencial (1995 – 2000) estos primeros avances en la liberación del Estado se vieron burlados debido al manejo directo que ejercía el estado de las señales de televisión, ya sea sobornando económicamente a sus propietarios o con la intervención de la SUNAT en su administración, de esta forma resultó “vendida” desde la línea periodística hasta su programación en general. La televisión sutilmente manipulada pasó a adoptar un papel servil en beneficio del régimen y cuya propagación obedecía a formulas preparadas desde el Servicio de Inteligencia para crear un entorno favorable al régimen ocultando la red de corrupción en la que estaba sumida el país.

Desde sus inicios la televisión mantuvo una programación un tanto variada y atractiva cuya tendencia iba por lo comercial y el entretenimiento, pero que, sin embargo, respondía a las necesidades culturales de los televidentes. Así, hubieron dos canales que se dedicaron exclusivamente a la televisión cultural, tal es el caso de canal 7 que tenía un propósito teleducativo en el cual se sucedieron (cual horario de clases) cursos de electrónica, física, matemática entre otros y para los días sábados transmitía una propagación cultural más o menos variada. Otro es el caso del canal 13 que fue cedido por los dueños de Panamericana Televisión a la Universidad de Lima (aunque por muy poco tiempo) y cuya programación se dividía en tres bloques: teleducativo, servicios a la comunidad (espacio orientado a mejorar el nivel de vida de la población) y espacios de difusión cultural. Estos esfuerzos expresan que en la televisión peruana sí es posible producir programas culturales que respondían a las necesidades de la vida nacional y que es posible hacerlo de una forma atractiva y variada que tenga acogida en los televidentes.

4. IDENTIDAD Y CULTURA

El problema de la identidad en el país se viene discutiendo desde hace muchos años, coincidiendo que este se presenta a raíz de la llegada de los españoles al país, en este contexto, la identidad se establece según la cultura dominante. La mentalidad que conquista establece las reglas, pero es producto de una transculturación. Los indios se adaptan y reacomodan sus esquemas mediante sincretismos y máscaras culturales. El catolicismo desarrolla un conjunto de estrategias para evangelizar en los siglos XVI y XVII. La extirpación de idolatrías juzga y fusiona creencias, rituales. Los indios encuentran en los Dioses blancos sus Apus.

Lejos de seguir con esta discusión, el presente ensayo, como se circunscribe a Lima, abarcará el tema de la identidad desde las migraciones del siglo pasado. El proceso de Migración arroja por otro lado un conjunto de pistas para establecer algunos referentes sobre la identidad.

Los migrantes indios sufren un proceso de autoconverción al incorporarse a las capitales de los departamentos: de indios a cholos. Carlos Franco caracteriza la movilidad social en el país: “Su autoconversión de indios a cholos no sólo modificó el mapa cultural del país, dejando atrás el universo indio y criollo, sino compitiendo con la cultura importada por las clases altas y medias”.

Los migrantes andinos traen consigo mentalidades regionales producto de diversos procesos a lo largo de la historia. Nuevas manifestaciones regionales se sincretizan en nuevos espacios. El indio es muchas cosas y obedece a un tramado histórico de exclusión y adaptación. El indio tras la conquista adopta patrones culturales que provienen de occidente “en buena medida el hombre americano es pensado a partir de, o en relación, este “otro”, o con estos “otros”, con los cuales en España coexistió, convivió y luchó a lo largo de ocho siglos. Musulmanes, por una parte, y judíos por otra” (Manrique, 1992).

El indio que llega a la capital busca un espacio y se integra. Constituye un nuevo sentido en lo urbano del campo. Se reacomoda en modelos culturales importados y desarrolla sus instituciones; el comercio informal, la organización vecinal, los Clubes provinciales en las cuales busca su identidad, la cultura Combi, etc. El indio, ahora Cholo, asimila patrones culturales distintos y desarrolla su propio paradigma y coexiste con otros en un proceso de constantes préstamos y adaptaciones (Golten). Podemos citar de igual modo la obra de José María Arguedas, “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, donde podemos ver esa mezcla de lo andino (Sierra) con lo urbano (Costa), recordemos al norteamericano Maxwell.

La convivencia de estos grupos culturales busca autoafirmarse frente a los otros, en el marco de un modelo en el que predominan patrones culturales que Occidente ha venido impulsando.

El Perú es un país multicultural, que se enfrenta a nuevas relaciones mediante la globalización. Lo local versus lo universal. Miguel Giusti afirma que “el multiculturalismo y la globalización son pues, en cierto modo, fenómenos de superficie que ponen de manifiesto, sin explicar aún, un complejo de procesos subterráneos de diferente origen y de múltiples repercusiones” (1999). Estos procesos subterráneos circulan entre la comunicación interpersonal. La identidad navega en la cotidianidad de las relaciones interpersonales y grupales. La convivencia determina combinaciones. Producto de estas combinaciones el Ser nacional busca singularizarse mediante una diversidad de culturas. Se oculta tras discursos historicistas que se cimientan en una arqueología de resaltos prehispánicos. Rasgos culturales que afinan y desafinan.

5. MARCO TEÓRICO PARA LA INVESTIGACIÓN

Para Antonio Pasquali en su Teoría de la comunicación, el tipo y nivel de cultura de las sociedades esta en función de sus medios de comunicación del saber, debido a la especialización que, el uso de tales medios de comunicación, implica en la actualidad el saber pasar a manos de un reducido núcleo de transmisores quienes actúan como funcionarios y expertos para canalizarlo y enviarlo al amplio grupo de individuos receptores. Cuando la desproporción entre transmisores y receptores tienden a atrofiar la bilateralidad de la comunicación, es decir, cuando un grupo de personas acapara el papel de informador y otro grupo se reduce al papel de informado, disminuye la fuerza expansiva y la capacidad auto creadora de la cultura quedando reducida su difusión popular a una relación unilateral entre un pequeño grupo informador convertido en élite y una muchedumbre indiferenciada de receptores convertida en masa.

Según el autor, un tipo de sociedad está en función de un saber el cual, a su vez, en función de sus medios de comunicación, pero las sociedades no configuran un saber a partir del cual emanarían consecuentes medios comunicantes, sino que los medios de comunicación delimitan formas del saber las cuales determinan y tipifican a un grupo social de, lo cual se deduce, una mutua relación dialéctica entre los medios de comunicación y su correspondiente grupo social.

Esta teoría nos permite entender cómo es que los medios de comunicación configuran y además modifican la cultura de las personas, de esta manera se evidencia que, en sociedades como la nuestra, los medios de comunicación como la televisión han creado y difundido una forma de cultura que los televidentes adoptan y practican sin que sean participes (dado el grado de unilateralidad de este tipo de comunicación) de su construcción, asimismo establece las bases para comprender que los medios de comunicación son los que permiten dinamizar la cultura de los grupos sociales y que sólo valiéndose de la difusión de su tipo de cultura permite lograr la cohesión de los mismos en torno a los rasgos culturales presentes en su experiencia de vida como grupo.

Definir una identidad es identificar un conjunto de rasgos singulares a una cultura. ¿Qué de singular tenemos los peruanos? ¿Resaltar nuestra historia acaso nos permitiría encontrar algunos referentes? ¿No es la identidad un paradigma producto de ideologías con fines de sometimiento simbólico? Quienes pretenden o pretendieron establecer referentes de identidad peruana, a menudo, han sostenido una serie de debates poco fructíferos. El resultado: conflictos entre proyectos antagónicos y protagónicos, adaptaciones de modelos importados. “Identificar –señala Carlos Iván Degregori– quiere decir singularizar, es decir, distinguir algo como una unidad en el tiempo y en el espacio, discernible de los demás. La identidad de un objeto está constituida por las notas que lo singularizan frente a los demás y permanecen en él mientras sea el mismo objeto”. Identificar para singularizar. Establecer referentes en un continuo simbólico, en un mundo cultural en movimiento, en una totalidad abierta; designar un paradigma de figuras de cultura con símbolos e instrumentos necesarios para su funcionamiento.

Los referentes para establecer una identidad peruana, por lo tanto, confluyen en una suerte de juego, cuyos protagonistas –Homo informáticus– se rigen por un sistema de reglas establecidas por los medios masivos de comunicación. El sujeto nacional a lo largo de su historia ha estado inmerso en múltiples representaciones, en una síntesis de múltiples imaginarios, de mentalidades producto de procesos enmarcados por contextos, espacios y tiempos. El siglo XX fue una era de cambios recurrentes que escenifican representaciones interculturales con argumentos de sustancias híbridas. La imagen es su esencia y construye la Historia. Las nuevas formas de conocer se matizan en una enciclopedia de signos de múltiples culturas y se manifiestan en el intercambio social.

Según E. Goffman “las normas de la identidad engendran tanto divergencias como ajustes”. Cada grupo establece normas implícitas de comportamiento, valores, gustos, etc. La convivencia de estos grupos se controla mediante ideologías. Son paradigmas que ordenan y excluyen. Los discursos más mediáticos crean imaginarios respecto de un grupo y establecen sistemas de ajustes basados en la imagen como un espejo social. Los grupos encuentran referentes de identidad en otras identidades. “La abrumadora cantidad de imágenes en vez de mostramos la realidad nos la oculta, en vez de exhibir el mundo lo reforman, porque en su profusión pretenden enmascarar con frecuencia las carencias sociales que nos rodean” (Guben, 1997). ¿La identidad está oculta tras los mensajes más mediáticos o se manifiestan en ellos?; producto de una sociedad: los referentes de identidad que encontramos obedecen a una estructuración de fragmentos de otras culturas con el “ser” (querer ser desde el ser) sujeto a su propio ser nacional.

Los medios masivos si bien no tiene una injerencia directa sobre los espectadores, en cambio sí ofrecen un paradigma de múltiples posibilidades de sustancias simbólicas. Máscaras en juego, producto de lo que Mosterin llama memes audiovisuales, iconos de otras culturas. Discursos simbólicos utilizados por los miembros de los grupos con los cuales asumen un rol en determinadas circunstancias sociales y desarrollan una mentalidad. La construcción del imaginario colectivo es producto del conflicto entre el paisaje icónico “tradicional” y el paisaje icónico de otras culturas.

El poder en tiempos de la globalización no es sino fuerzas simbólicas que someten con el concepto del ojo omnisciente, es decir, el que todo lo ve. “El aparato disciplinario perfecto –señala Michael Foucault– permitiría a una sola mirada verlo todo permanentemente. Un punto central sería a la vez fuente de luz que ilumina todo y lugar de convergencia para todo lo que debe ser sabido: ojo perfecto al cual nada se sustrae y centro hacia el cual están vueltas todas las miradas” (1998).

El símbolo que vigila forma esquemas para entender, interpretar y manifestar. Imaginamos con símbolos y con ellos conocemos, interiorizamos comportamientos y formamos nuestras sintaxis en la sintaxis de otros.

El presente ensayo surge de la necesidad que tiene nuestra sociedad actual de la presencia en sus medios masivos de comunicación de la temática cultural en sus contenidos, ya que el descuido de estos temas perjudica hondamente en la consolidación de una sociedad nacional con conciencia de sus propias particularidades. Al abordar el tema cultural no pretendemos sumergirnos en el debate que, sobre las relaciones entre masa y cultura, mantienen los especialistas. La finalidad del trabajo es contribuir a mejorar en gran medida nuestra percepción y concepción de los medios de comunicación, en especial la televisión, como importantes entes participes en el proceso de conformación de una sociedad conciente de su diversidad cultural; y demostrar que, sobre todo, es necesario crear un discurso propio que tenga como punto de partida las características que nos son inherentes y destacar la condición dinámica de nuestra cultura.

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Efrain Nuñez Huallpayunca
Correo: [email protected]
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UNMSM

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