Hoy en día es rara la persona que no debe dinero; de hecho, estamos en una sociedad que se mueve por deuda. Sin embargo, hay deudas peores que otras. Antes había dos tipos de personas: los que tienen y los que no tienen. Hoy hay 3: los que tienen, los que no tienen, y los que deben todo lo que tienen (y hasta más).

Por desgracia, la gran mayoría de la población pertenece a ésta última. La facilidad para adquirir créditos y las condiciones “favorables” que dan las instituciones financieras y comerciales hace muy atractivo el tener ese último gadget, ropa de moda o vacaciones exóticas.

Sin embargo, aunque las condiciones del crédito parecen ser muy favorables para nosotros, en realidad lo son para la institución que otorga el crédito. Para nosotros solo aparentan ser favorables y ahí es donde las cosas empiezan a ir mal.

Solo descubriendo las pequeñas cosas erradas que piensas acerca de la deuda pueden hacer que las cosas te empiecen a salir mejor o, al menos, que no caigas en la deuda que aflige a la mayoría de la población mundial. A continuación están dos de los errores más comunes:

Los pagos pequeños y constantes son más convenientes. Cuando alguien pide un préstamo y lo puede conseguir en pagos pequeños, realmente las cosas parecen muy fáciles y todo se ve como una ganga. De hecho, si pides el plazo más largo los pagos son tan chicos que se ven insignificantes.

¿Un celular a un par de dólares por semana? ¿Quién no se iría por eso? Sin embargo, si te pones a sumar la cantidad que pagas, verás que terminas pagando el doble o más del costo original del producto.

Pero, ¿qué otra opción tengo si no cuento con el dinero suficiente? Hay muchas otras. No comprarlo es la más lógica, pero tal vez eso no sea opción porque n-e-c-e-s-i-t-a-s un nuevo celular. Siendo así, lo mejor es tener pagos grandes y reducir el tiempo del crédito.

Los intereses no se hacen solo por la cantidad de dinero que debes; también hay que sumarle el tiempo que la debes. Mientras más grandes son los pagos, mayor es la aportación al capital, que es lo que genera intereses en primer lugar. Pagos grandes significan menor deuda.

Si te pones a contar verás que la mayoría de tus paguitos son por intereses y con una mínima aportación al capital. Muy conveniente en cuanto a los pagos, pero mortal a la hora de sacar el costo total del crédito.

En resumen: paga todo lo que puedas pagar. Mientras mayor sea el pago inicial y los pagos subsecuentes, tu artículo soñado será una carga menor.

Los precios altos significan productos de calidad. Aunque es cierto en algunas cosas, como los automóviles y los equipos electrónicos, mayor costo no significa mejor calidad, al menos no desde el punto de vista de qué tan bueno es o no el producto.

En varios estudios que hicieron con respecto a los cosméticos, un par de investigadores reemplazaron los efectos de una serie de cremas (de noche, de día, de medio día, para antes, durante y después de la ducha…) de $350 dólares con solo 3 botes de crema de $20 (los tres).

De acuerdo a los ingredientes y sus efectos, no hubo mucha diferencia en los resultados. Sin embargo, las que participaron en el estudio, antes de enterarse de que era lo que había utilizado, dijeron a coro: “¿yo usar marca de farmacia? ¡Ni cuando era pobre!”.

“Marca” no significa “Calidad”. Si estás gastando mucho dinero en cosas caras “porque son mejores”, revisa bien si no solo es para lucir el logotipo o la marca que ostentan. Porque hay que aceptarlo: los humanos somos bastante presumidos…

¿Y quieres lo peor del asunto? ¡Cuando juntas las dos cosas! Pagar abonos chicos por artículos “de marca” que te tendrán con deuda, tal vez por años, es lo peor que puedes hacer.

No digo que te vistas con harapos y solo utilices artículos de segunda, pero siempre considera correctamente lo que estás comprando y, sobre todo, por qué te estás endeudando.

 Las deudas no son culpa de la economía: son una decisión de cada quién. No decidas en contra de tus propios intereses, para eso están los bancos.

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