En un entorno ideal, las primeras fiestas de la temporada de verano del Valle de Arán se encuentran entre las más concurridas del entorno. Éste es el caso de la celebración de la Santa Creu, en Salardú, que convoca a turistas y forasteros para compartir las fechas alrededor del tres de mayo.

Por: Nerea Marquez Lera


Las Fiestas en torno a la Santa Cruz (la Santa Creu) con las que cada año Salardú celebra el fin del invierno comienzan el día tres de mayo, con la tradicional Amassada de Creus, en la que se recogen por las calles de la localidad aranesa las cruces de los pueblos vecinos, que, como es costumbre desde tiempos remotos, vienen a presentarle sus respetos al Sant Cristo. Al final del recorrido comienzan una serie de actos festivos, lúdicos y culturales en los que las tradiciones poseen una importancia crucial, todo ello con la habitual participación y mejor humor de vecinos y visitantes, que, como no puede ser de otra forma, ocupan el alojamiento deSalardú y los alrededores de la capital del Naut Arán.
A lo largo de la tarde de este mismo día tres, el pasacalles acompañado de charanga, previo a “Es Aubades son barades de Tredòs a Canejan, non i à cap dues d’iguales en tota era Val d’Aran”, como manda la costumbre. Luego, ya anochecido, continúan las celebraciones, deseadas, puesto que son las que anuncian la llegada del buen tiempo. El baile y la música, junto con infinidad de actividades de todo tipo son los  protagonistas absolutos del fin de semana.
No es extraño que la fiesta mayor de la localidad congregue a una gran cantidad de forasteros ya que, para quienes no viven en el Valle, se trata de un conjunto de actos curiosos y dignos de conocerse; mientras tanto, para los araneses, y como ya se ha adelantado, suponen celebrar el fin del siempre duro invierno por estos lares. Además, es la primera de las celebraciones de lo que podríamos llamar “temporada de fiestas”. Aparte de todos estos argumentos, válidos y suficientes de por sí, puede disfrutarse del turismo cultural, ya que los edificios históricos abundan en una localidad que llegó a ser de paso obligado en otros tiempos.
Como dato curioso, cuenta la tradición que a partir del domingo posterior a la fiesta del tres de mayo y hasta septiembre se conjuraba al mal tiempo con un ritual en el que el rector salía del templo vestido con una capa roja y la “Creu” en las manos. De esta guisa, iba hasta la Plaza de la Pica donde trazaba una cruz en el aire con la misma cruz que el sacerdote portaba en las manos.