En Tres ensayos para una teoría sexual(1905) Freud intenta buscar la causa de lo traumático para el sujeto en el plano de la pulsión. 
La sexualidad infantil es una clave para la investigación de lo traumático en el sujeto humano que Freud dejará como legado tanto a psicólogos como a psicoanalistas. En “Tres ensayos para una teoría sexual” , un texto Freudiano de 1905 en el que el genio, como diría Lacan, está intentando buscar por entonces, la causa de lo traumático para el sujeto en el plano de la pulsión, del instinto, Freud, retoma esta interesante esta perspectiva del desarrollo heredada de su “Proyecto de Psicología para Neurólogos”, que desde luego se separa de la corriente misma de la interpretación de los sueños porque busca justamente allí donde cae lo que no se reabsorbe por el significante, es decir, aquello que no es tramitado por los sujetos que hablamos a través de la palabra.
Por supuesto, que la sexualidad cae dentro de este real inefable. Aunque Freud no lo nombraba de este modo, lo buscó y lo rodeó en muchas oportunidades a lo largo de su teoría. De hecho es él, uno de los primeros, por no decir el primero, en ocuparse de la sexualidad infantil. Él mismo se lamenta en este texto, de la idea imperante por aquél momento, de que el instinto sexual falta durante la niñez no apareciendo hasta la pubertad, y, afirma que esta es una de las principales causas de desconocimiento sobre las circunstancias fundamentales de la vida sexual. Nos dice a este respecto, que en la poca literatura donde aparecen referencias a la sexualidad infantil, siempre se la menciona en la perspectiva de prematuridad, de procesos excepcionales y quedando en deuda con la idea del desarrollo. Finalmente en 1910 y 1915 aparecen dos grandes obras a su juicio sobre el tema, de Stanley Hall y de la Dra. Von Hug – Hellmuth.
Así pues, explica esta negligencia no solo desde el punto de vista de la educación del momento, sino también, desde un peculiar fenómeno psíquico que afecta incluso a las investigaciones sobre el tema. La Amnesia Infantil, es según Freud la causa de que queden ocultos a los ojos de los hombres, aunque no de todos, aclara, los primeros años de su infancia, hasta el séptimo u octavo. Si ya en estos años hubimos de reaccionar, exteriorizando dolores, alegrías, amor, celos, y otras paciones surge la pregunta de ¿por qué razón queda tan retrasado nuestro psiquismo en cuanto al proceso de la memoria?
Las impresiones olvidadas, nos dice Freud, no por haberlo sido, han desaparecido de nuestra memoria sin dejar hondísima huella en nuestra vida psíquica y haber constituido una enérgica determinante de todo nuestro ulterior desarrollo. Por esto observamos en los síntomas neuróticos cuanto de la sexualidad, conserva la esencia infantil o ha retrocedido hasta ella, porque la Amnesia Infantil convierte para cada sujeto la propia niñez en algo análogo a una época prehistórica, ocultando a sus ojos, los comienzos de su vida sexual.
Sin embargo, al poco tiempo aparece un Período de Latencia, concepto tomado por Freud de Fliess, momento en el cual la sexualidad, de un modo total o parcial, sucumbe a la represión para dar paso a la formación de los llamados Diques Psíquicos, que traen consigo los sentimientos como el pudor y el asco, y, de aspiraciones morales y estéticas que más tarde servirán para canalizar la pulsión sexual hacia nuevos fines.
¿Con qué elementos se constituyen estos diques tan importantes para la cultura y para el sujeto mismo?
Dado que las pulsiones sexuales en estos años se encuentran deslocalizadas, en un cuerpo que todavía no ha encontrado una unidad ni en el plano biológico ni en el simbólico, se presentan al sujeto en forma de sensaciones corporales displacientes, que están en juego desde el inicio de la vida, aunque hacia los tres o cuatro años de edad pueden hacerse observables diversas manifestaciones de carácter netamente sexual, sobre todo en los juegos infantiles. Vemos entonces, como las diversas tendencias en el niño, en un principio se satisfacen en zonas erógenas que parecen apoyarse en funciones de conservación de la vida. La primera de estas funciones es el hambre, que una vez saciada, busca nuevamente el placer experimentado y recordado, ya sea a través del llanto como función de pedido del pecho materno, ya sea sirviéndose de su propio cuerpo, en actividades como chuparse el pulgar, los dedos de los pies, etc. Cuando la separación del pecho materno se haga inevitable, esta zona será reemplazada por otra cuya importancia dependerá siempre del momento del desarrollo particular en el que se encuentre el sujeto. Si bien las zonas erógenas pueden hallarse adscriptas a determinadas partes del cuerpo, como la boca; el niño escoge una parte cualquiera de su cuerpo, que más tarde por la costumbre será la preferida, conservando tal preferencia probablemente hasta la adultez. Sin embargo y como hemos dicho anteriormente el origen de tales preferencias será olvidado a causa de la Amnesia Infantil. Este momento se prolongará durante un tiempo más o menos largo, dependiendo del desarrollo psíquico de cada sujeto en particular.
El estado de necesidad que exige el retorno de la satisfacción, hace surgir en el niño el deseo de repetición y se revela en una peculiar sensación de tensión de carácter displaciente, cuyo fin será ser sustituído por un estímulo externo adecuado para procurar la satisfacción. En tanto no estén constituidos los diques psíquicos por obra de la represión, se observan en el niño, no solo la actividad onanista, sino también juegos de seducción en los que quedan de manifiesto la curiosidad sexual. Tal curiosidad sexual, es de cabal importancia, pues lleva al niño a la investigación sexual, que dará lugar a las Teorías Sexuales Infantiles ,y, que tendrán un papel crucial tanto en la capacidad intelectual posterior, cuanto que, en el desarrollo de las neurosis adultas. Esto es porque en esta curiosidad sexual se encuentra el germen del instinto de saber, que aunque no puede juzgarse exclusivamente bajo el dominio de la sexualidad, es atraído y quizás despertado, por los problemas sexuales temprano con gran intensidad.
El primer problema que se le presenta al niño, es la amenaza real o sospechada de la aparición de un hermanito y la consecuente pérdida de sus condiciones de existencia, haciendo que se ocupe del enigma de la procedencia de los niños. Sin embargo, serán múltiples las teorías sexuales infantiles que a lo largo del desarrollo cada niño pueda ir articulando a su experiencia de vida, en función también de las contingencias con las que se valla encontrando. Estas teorías, son imágenes, de la propia constitución sexual del infante, que indican más comprensión de la que se sospecharía. Pero, dado que desconocen elementos nucleares de la sexualidad adulta, como el papel fecundante del semen o la existencia de la vagina, la investigación permanece infructuosa y termina muchas veces en una renuncia duradera del instinto de saber.
La investigación de estos años, es llevada a cabo en solitario, lo que constituye el primer paso del niño a su orientación independiente en el mundo. Sin embargo y como habíamos anticipado, paulatinamente las fuerzas psíquicas de estos impulsos se erigirán a modo de defensas que por obra de la represión poco a poco comienza su trabajo de educación, podríamos decir, del instinto a favor de lo social marcando la entrada en el denominado Período de Latencia , durante el cual el niño irá desviando esta energía en todo o en parte hacia nuevos fines, que, gracias a los Diques Psíquicos antes mencionados, será modelada por las normas culturales con las que conviva el sujeto. En este momento vuelve a surgir, aquél gusto por el saber, que se había abandonado por la infructuosidad de la “Teorías Sexuales Infantiles” y se observa como el niño irá sublimando la energía en diversas actividades socialmente aceptadas como los deportes, el arte, la música, etc., hasta la nueva explosión de la sexualidad que le espera con la entrada en la pubertad.
En cuanto a la salud o patología de cualquiera de las manifestaciones aquí expuestas, nos dice Freud, es un asunto de la intensidad con la que se presenta el instinto sexual y del papel que este juegue en el curso del desarrollo del sujeto. Por tanto, la función de padres y educadores ante las diversas circunstancias que los pequeños investigadores les vayan planteando, serán un elemento más, a jugar en la tarea de construcción psíquica de un cuerpo sexuado único y en constante proceso de cambio.



LUCIANA FRACCHIA. Psicoanalista en Alicante. Socia Responsable de ORIENTARTE. Psicóloga del C.O. El Molinet.
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