Muchas personas creen fielmente que con alcanzar la democracia un pueblo está en las vías del progreso. Nada más lejos de la realidad. Las tendencias democráticas son algo muy propio de nuestra época, pero como garantía de mejoría está muy lejos de ser tal cosa.

Por: Adán J. Loredo

Cualquiera comprende, o se da la idea, de que la democracia todo lo hace más lento. Por ejemplo, lo que un monarca absolutista de hace siglos resolvía diciendo “hágase” y poniendo su real firma en un papel, ahora tiene que pasar por innumerables tramites y llegado al final la idea se ha desvirtuado y convertido en un licuado de la forma de pensar de muchos.

Eso por ninguna razón es bueno, y termina pagando las consecuencias el pueblo, pero si éste fue quien en su ejercicio de la democracia eligió a quienes le amargan la vida, entonces está cosechando lo que de forma negligente sembró.

Porque, por crudo que sea, la democracia puede llegar a convertirse en el peor enemigo de los países poblados mayoritariamente por ignorantes. Y la realidad no permite que yo esté equivocado por mucho. En una campaña todos los candidatos, mucho o demasiado, mienten. Sea para presidente del país o del más miserable municipio.

Pero hay mentiras que solo los idiotas creen. Y porque sobra quien lo haga llegan al poder los personajes más ignorantes, ambiciosos, corruptos y criminales que por unos pesos venden a su patria y por otros a su madre.

Y es que hay realidades que no podemos esperar que cambien: nadie, jamás, que tenga la oportunidad de acceder a un puesto publico donde el sueldo sea extraordinario y lo acompañe un fuero, se va a preguntar si está capacitado para desempeñarlo. Eso no lo haría ni un hombre decente, y mucho menos un vividor que lo ha buscado toda su vida. Así que lo único que podemos esperar es que el pueblo sea quien sufra el gran cambio. Porque cada que vota por esas ratas de alcantarilla metidas en traje de personas decentes, le está clavando una puñalada a su país.

Hay cosas que nadie las dice porque pueden sonar crueles, pero sería bueno que quien no tiene la más remota idea de cual es la diferencia entre lo que ofrecen los diferentes candidatos, el día domingo que toque ir a votar mejor se quede a dormir hasta tarde.

Así no se hablaría de una arbitraria ley que elige a quienes pueden votar y quienes no, sino de una decisión sensata por parte de ciudadanos que aceptan que su voto puede ser perjudicial. Claro que esto es utópico, porque los más idiotas sin los que siempre se forman primero, y las personas que han entendido la porquería que caracteriza a las campañas, se contagian de apatía y, esas si, se quedan a dormir hasta tarde.

No les remuerde la conciencia el no ir a votar, por varias razones; primero porque saben que son minoría y de muy poco o nada serviría su voto; y también pasa que de todos los candidatos no han encontrado uno digno, lo cual es muy común. Y porque esas cosas las sabe casi todo el mundo, los más imbéciles y corruptos saben que tienen la posibilidad de llegar a los puestos mas altos, solo es necesario carecer completamente de escrúpulos.

Existen, por desgracia, países a los que de muy poco o nada les sirve tener elecciones libres. Y cuando todos los servidores públicos son llevados al poder por la vía del voto, eso no significara que las cosas buenas están por venir, muy por el contrario pueden llegar muchas muy malas. La democracia nunca servirá para absolutamente nada, mientras el pueblo no sepa que es exactamente lo que conviene.


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